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Elisabetta Franchi presenta su colección otoño 2026 en pasarela

Bajo los reflectores de un Palazzo Acerba que parece custodiar más que historia, la diseñadora Elisabetta Franchi desveló su visión para el otoño/invierno 2026. El escenario, un palacio barroco del siglo XVII en el corazón de Milán adquirido por la creadora, no fue solo un decorado; se convirtió en un personaje más del show, rodeado de un aura mítica que la propia Franchi alimentó al recordar aquella vieja leyenda que prometía inmortalidad a quienes cruzaban sus puertas.

La inspiración central de la colección bucea en el rigor y el misterio de la era victoriana, un periodo que la diseñadora italianareinterpreta como un símbolo de autoridad femenina. Lejos de una copia histórica, propone un diálogo entre la severidad de la silueta y la sensualidad contenida, jugando con concepts como la pureza estructural y el empaque de poder. La mujer Franchi, según se deduce de las propuestas, es un ser plural: se siente igual de segura dentro de un corpino que ajusta su figura que envuelta en la solidez de un traje de sastrería oversize que remite al armario masculino.

La paleta de colores y las texturas dominantes establecieron el tono desde el minuto uno. Trajes ajustados elaborados en piel de potro (ponyskin) en tonos como el rojo blood, el negro azabache o el dorado mantequilla, se combinaron con corsetería que marcaba la cintura o con suéteres de un tejido tan sutil que bordeaba la transparencia total. La sastrería, pilar indiscutible de la house, mostró su lado más contundente: un abrigo largo en azul marino con hombreras militares, un traje gris oscuro salpicado de minúsculos destellos y abrigos-vestido con estructuras acolchadas en caderas y bolsillos que actuaban como una armadura blanda.

Esa fortaleza técnica dio paso, sin solución de continuidad, a una delicadeza igual de poderosa. Aparecieron vestidos que evocan camisones de noche en tul negro superpuestos a lencería oscura, blusas con grandes cuellos de volantes que caían sobre el torso y una especialmente cuidada línea de vestidos de noche. En esta última, la silueta recordaba a un bodiesuit de cuello alto que estallaba en una falda larga y con volantes a la altura de la cintura, un contrapunto perfecto entre la contención superior y la expresividad inferior.

El resultado final es una colección que, aunque la Reina Victoria probablemente hubiera desaprobado la osadía de algunas transparencias, captura a la perfección su espíritu de gestión y control. Elisabetta Franchi no viste para agradar a un fantasma del pasado, sino para vestir a una mujer que ejerce su poder en el presente, donde las reglas se dictan desde la confianza y la versatilidad es la nueva aristocracia.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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