El desfile de Ferragamo para el otoño-invierno 2026, presentado en Milán, propone una reflexión sofisticada sobre la indumentaria náutica clásica, despojándola de toda literalidad para convertirla en un lenguaje de alta costura contemporánea. Bajo la dirección creativa de Maximilian Davis, la colección se erige como un estudio en precisión y desorden calculado, donde la tradición marítima se transgrede mediante una paleta sobria de azules marinos, crudos y negro, puntuada por destellos inesperados de naranja y teal en piezas de día.
La narrativa del desfile se construye a través de una tensión constante entre estructuras impecables y su deliberada deconstrucción. Davis, whose minimalista se manifiesta en la Pureza de las líneas de sus abrigos de corte amplio, introduce un elemento de teatralidad a través de cuellos-scarpa desmontables o superpuestos en camisas y sobretodos. Esta dualidad alcanza su cenit en las faldas y chaquetas de sastrería, donde paneles estratégicos con botonadura permiten múltiples lecturas de la silueta, dejando entrever, en su apertura, un triángulo de piel o forro blanco que actúa como un detalle de provocación contenida. El propio Davis reconoció tras elshow la negociación creativa con su estilista, Lotta Volkova, célebre por su enfoque lúdico y deconstructivo: “Yo prefiero la simplicidad, pero encontramos un punto de equilibrio fascinante”.
La influencia de los años veinte del siglo pasado, ya presente en otras colecciones del diseñador, here encuentra un eco específico en la obra del artista estadounidense Charles Demuth. Sus acuarelas capturando a marineros, estibadores y flappers en los speakeasies de una época prohibida parecen inspirar la atmósfera crepuscular del desfile, especialmente en su segunda mitad. El espacio escenográfico, revestido de cortinajes en azul noche, funcionó como un prólogo perfecto para los vestidos de coctel en lamé dorado, los slips de estilo flapper y las largas túnicas de silueta hobble que estallaban en colas de pescado, condensando un glamour oscuro y cinematográfico.
Sin embargo, no toda la propuesta se adhiere a esta estética after-dark. Entre los looks diurnos, una impronta militar se mezcla con toques de bourgeois para crear piezas de una funcionalidad lujosa. Destacan las chaquetas de trabajo acolchadas en cuero, rematadas con el cierre giratorio Gancini, que elevan un arquetipo utilitario a la categoría de objeto de deseo. Esta dualidad entre uniforme y sofisticación privada es uno de los grandes aciertos de la colección.
La crítica, pese a reconocer la intención conceptual, señala ciertos excesos: en algunas siluetas, la profusión de botones, cremalleras y elementos colgantes pareció forzada, rozando la decoración innecesaria. No obstante, el conjunto logra imponerse gracias a una actitud que fusiona el descaro (swagger) con un desaliño (déshabillé) altamente coreografiado. Ferragamo, de la mano de Davis, no solo presenta prendas; articula una filosofía de estilo donde la elegancia reside en saber desordenar lo impecable, ofreciendo al espectador un armario que premia la experimentación y la personalización, más allá de la dictadura del look completo. Es una moda que invita a ser habitada, desabrochada y reinterpretada.



GIPHY App Key not set. Please check settings