Gap Inc. ha cerrado el ejercicio 2025 con un crecimiento moderado en sus cifras de ventas, pero con una rentabilidad mermada por la presión arancelaria, un escenario que refleja las tensiones actuales en la cadena de suministro global. La corporación, que agrupa marcas icónicas como Gap, Old Navy, Banana Republic y Athleta, anunció un aumento del 2% en sus ventas netas del cuarto trimestre, hasta los 4.240 millones de dólares, impulsado principalmente por el canal online, que ya representa el 42% del total y creció un 5%. Sin embargo, el ingreso operativo se contrajo hasta 229 millones de dólares, frente a los 259 millones del año anterior, una diferencia que la directiva atribuye directamente al impacto de los aranceles importadores.
El presidente y consejero delegado, Richard Dickson, se mostró satisfecho con la evolución comercial, pero matizó que la empresa ha completado ya la fase de «corrección de fundamentos» y ahora entra en una etapa de «generación de impulso». «Hemos crecido de manera consistente mientras transformábamos el negocio», afirmó Dickson, quien destacó que la compañía encadena ocho trimestres consecutivos con ventas comparables positivas a nivel global. En el último trimestre, Gap tuvo un desempeño excepcional, con un alza del 7% en ventas comparables, mientras que Old Navy y Banana Republic avanzaron un 3% y un 4%, respectivamente. Athleta, en cambio, sigue en zona negativa con una caída del 10% en ventas comparables, un hueso duro de roer en el competitivo segmento de activewear.
El ejecutivo subrayó que Gap ha recuperado su estatus como marca de referencia en la cultura pop, con un atractivo intergeneracional que se manifiesta en categorías como el fleece, la ropa con logotipo, el denim y la pijamería. «Somos una marca multigeneracional que gana cuota de mercado en todos los niveles de renta», aseguró. Este renacer se sustenta en una mejora del margen bruto, que se sitúa entre los más altos de los últimos 25 años, y en un fortalecimiento del balance, con 3.000 millones de dólares en efectivo al cierre del año.
Mirando al futuro, Gap Inc. planea acelerar su expansión en categorías de estilo de vida aún incipientes, como belleza y accesorios, y potenciará su plataforma de «fashion-tainment» —una apuesta por fusionar moda y entretenimiento— con campañas de marketing de alto perfil. La inversión en tecnología, especialmente en inteligencia artificial para la optimización de inventarios y experiencia de cliente, será clave. No obstante, el mercado reaccionó con cautela: a pesar de elevar el dividendo trimestral un 6% y proyectar un crecimiento de ventas del 2-3% para 2026, las acciones cayeron más de un 8% en el after-hour trading, en parte por la preocupación sobre la rentabilidad de Old Navy y la lenta rehabilitación de Athleta.
La chief financial officer, Katrina O’Connell, fue clara al señalar que los aranceles impactaron en 200 puntos básicos el beneficio neto del trimestre. Si bien los precios promedio de venta (AUR) han subido, la compañía asegura mantener la propuesta de valor para el consumidor. «Estamos manejando los costes con un plan equilibrado», declaró. Este escenario arancelario es un factor común en toda la industria, y Gap no es ajena a la necesidad de trasladar parte de esos costes sin alienar a una clientela sensible al precio, especialmente en marcas de descuento como Old Navy.
Un análisis independiente de eMarketer resume el momento de la compañía como «mixto»: mientras Gap y Banana Republic ganan tracción con una oferta más refinada y marketing cultural, Old Navy podría estar reaching su límite en un segmento de presupuesto ajustado, y Athleta requiere una redefinición profunda para destacar en un mercado de activewear saturado. Dickson, que lleva dos años reestructurando Banana Republic sin presidente formal, confía en nombrar pronto un líder para la marca, al tiempo que coordina la creación de un cargo de chief entertainment officer para integrar la cultura pop en toda la cartera.
En resumen, Gap Inc. demuestra resiliencia comercial en un entorno macroeconómico desafiante, pero la rentabilidad sigue bajo presión. Su éxito a largo plazo dependerá de su capacidad para convertir el impulso cultural en crecimiento sostenido, optimizar costes arancelarios y revitalizar marcas en reconstrucción, todo ello mientras el consumidor hispano, clave en su geografía americana, evalúa con lupa la relación calidad-precio en un mercado inflacionario. La moda, como negocio, se juega hoy tanto en el diseño como en la gestión de geopolitica comercial.



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