El fallecimiento de Alan Trustman, guionista de guiones emblemáticos como El caso Thomas Crown y Bullitt, ha reabierto el debate sobre la influencia perdurable del cine de los años sesenta en la estética contemporánea. Aunque su legado se construyó desde la exitosa transición de abogado a escritor de cine, su narrativa visual y su exquisitez en la descripción de personajes han dejado una huella indeleble en el lenguaje de la moda masculina y femenina, especialmente a través de dos obras que definieron el estilo de una era.
En El caso Thomas Crown (1968), dirigida por Norman Jewison, la elegancia cálida y sofisticada del personaje interpretado por Steve McQueen —un multimillonario que organiza un atraco bancario por puro desafío intelectual— se convirtió en un referente de sastrería refinada. Los trajes de lana de tres piezas, camisas de cuello ovalado y corbatas discretas del protagonista, junto con el vestuario impecable y vanguardista de Faye Dunaway como la investigadora de seguros Vicki Anderson, marcaron un antes y un después en la representación del lujo sobrio y la feminidad poderosa en la gran pantalla. Este equilibrio entre formalidad y rebelde distinción inspira aún hoy a diseñadores y a un público que busca un clasicismo con personalidad.
Por su parte, Bullitt (1968), con ese inolvidable persecución automovilística por las calles de San Francisco, consolidó un look utilitario pero de una masculinidad cruda y auténtica. El personaje de McQueen, el teniente Frank Bullitt, popularizó prendas que hoy son básicos atemporales: el impermeable beige de gabardina, los suéteres de cuello alto en tonos neutros y la camiseta interior de algodón. Una estética desenfadada, funcional y con un aura de informalidad estudiada que desdibujaba los límites entre vestimenta de trabajo y estilo urbano. La elección del Ford Mustang Fastback no solo fue un acierto narrativo, sino que también asoció el automóvil con una imagen de libertad y elegancia deportiva que trasciende el ámbito cinematográfico.
La trayectoria de Trustman, quien abandonó su carrera legal tras el éxito de Bullitt, refleja una comprensión intuitiva de que la indumentaria es un elemento narrativo crucial. Su capacidad para trasladar la atmósfera de una novela a la pantalla, adaptando paisajes urbanos como San Francisco o Boston, también implicaba una definición espacial y tonal que el vestuario reforzaba. En adaptaciones posteriores como They Call Me Mister Tibbs! (1970), el rigor del detective Virgil Tibbs, encarnado por Sidney Poitier, se tradujo en un guardarropa de trajes impecables que comunicaban autoridad y dignidad, alejándose de estereotipos raciales.
Para el lector actual, rescatar estas estilísticas implica incorporar piezas clave con historia. Un traje de corte clásico en lana merino, un abrigo ligero de tonos arena o un cuello alto de calidad pueden actualizarse con proporciones contemporáneas y materiales sostenibles. La lección principal de Trustman, más allá de sus diálogos, reside en la idea de que la moda cinematográfica no es decoración, sino caracterización: cada prenda cuenta algo sobre el personaje y, por extensión, sobre quien la adopta. Su obra invita a pensar en el armario como un guion personal, donde cada elección es un acto de storytelling.
Aunque Trustman también incursionó en otros géneros y enseñó guion en Harvard, NYU y la Universidad de Miami, su impacto más visible perdura en el imaginario colectivo de la moda. Su fallecimiento a los 95 años en un hogar de cuidados de Miami, rodeado de una familia que incluye a su cuarta esposa, la psiquiatra Barbara, y once nietos, cierra el capítulo de un creador que entendió que el estilo es, en esencia, una forma de narrar sin palabras. Su legado perdura no solo en los filmes, sino en las calles, donde la Influencia de Thomas Crown y Bullitt sigue vistiendo a quienes persiguen una elegancia con historia.
«



GIPHY App Key not set. Please check settings