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Las empresas chinas están diseñando su IA para un público que Occidente está ignorando: los jubilados

Podemos adaptar el título de aquella genial película de los Cohen a la IA: no hay IA para viejos.

Ayuda cotidiana. En Nikkei cuentan la historia de Chen Bing, una mujer de 63 años que ha hecho de la IA su asistente personal. La usó para organizar un evento con exalumnos de su escuela, desde repartir los gastos hasta generar un vídeo que usó de fondo en un taller de poesía. También le es de ayuda para identificar flores y leer letra pequeña. Según Chen, la IA le da independencia y evita que tenga que pedir ayuda a sus hijos constantemente. 

Y salud. Hay otras propuestas de IA dirigidas a ancianos, como literalmente de todo para China sabe que su población se va a hundir pero ya tiene un plan a largo plazo para resolverlo. Cómo no, gracias a la IA