Miles de seguidores del ex primer ministro Imran Khan han iniciado una marcha hacia Islamabad, la capital de Pakistán, en un desafío directo a la cúpula estatal que mantiene al carismático líder encarcelado desde agosto de 2023. La movilización, que partió de la ciudad de Lakki Marwat, recorre una distancia de 275 kilómetros en un clima de tensión creciente, marcada por el fracaso de las negociaciones entre el gobierno central y el partido Pakistan Tehreek-e-Insaf (PTI).
El pulso entre las calles y el aparato judicial
La situación jurídica de Khan, quien enfrenta más de 100 procesos judiciales, se ha convertido en el eje de una crisis institucional prolongada. El ex mandatario, de 73 años, cumple una condena de 14 años por corrupción, cargos que su defensa califica sistemáticamente como una persecución orquestada para neutralizar su influencia. La parálisis política es total: tras el colapso de las conversaciones, las autoridades han blindado los accesos a la capital mediante el despliegue masivo de contenedores de carga, una táctica habitual para fracturar las líneas de avance de las protestas.
- Estado de salud: La familia de Khan denuncia la pérdida de visión en su ojo derecho, atribuyendo el deterioro a la negligencia de las autoridades penitenciarias.
- Bloqueo institucional: El gobierno rechazó las demandas del PTI para permitir visitas de los líderes del partido, alegando motivos de seguridad.
- Escala geográfica: La caravana planea alcanzar un punto a 80 kilómetros al oeste de Islamabad para el próximo jueves, aumentando la presión sobre la administración de Shehbaz Sharif.
- Represión política: La detención de figuras clave, como Aleema Khanum, hermana del ex primer ministro, subraya la severidad de la respuesta estatal ante las movilizaciones.
La movilización busca que el movimiento alcance cada rincón del país y que cada plaza se convierta en un centro de actividad para que la ciudadanía desempeñe un papel activo en el proceso de Política nacional.
Crisis sanitaria y desconfianza en el sistema
El debate sobre el estado físico de Khan ha traspasado las fronteras nacionales, atrayendo la atención de figuras internacionales y antiguos capitanes de críquet, quienes han solicitado formalmente que se garantice una atención médica independiente. Aunque el ex primer ministro fue trasladado brevemente a un hospital estatal en agosto, donde los médicos lo declararon apto para seguir en prisión, la desconfianza persiste. El entorno de Khan sostiene que el Estado ha desobedecido órdenes judiciales previas que exigían exámenes en clínicas privadas, lo que alimenta la narrativa de indefensión jurídica que sostiene el apoyo popular al líder opositor.
Precedentes de una inestabilidad sistémica
El historial de Pakistán con las protestas pro-Khan es alarmante. En episodios anteriores, las manifestaciones han derivado en estallidos de violencia letal, seguidos de campañas de represión estatal que han debilitado las instituciones democráticas del país. La actual marcha no es solo un reclamo por la libertad de un individuo, sino una prueba de resistencia para el sistema de pesos y contrapesos paquistaní. Con la economía bajo una presión constante y la fragmentación social en aumento, la incapacidad de las partes para alcanzar un consenso sobre la salud y la situación procesal de Khan augura días de alta volatilidad en los centros de poder de Islamabad.



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