Anderson .Paak dirige ‘KPops!’, un puente cinematográfico entre la herencia afroamericana y la ola coreana
El músico y productor Anderson .Paak da el salto a la dirección con KPops!, una película que trasciende el mero entretenimiento para convertirse en un diálogo visual sobre identidad, herencia y las conexiones invisibles entre la música negra y la Industria del entretenimiento coreana. El estreno, previsto en cines españoles para las próximas semanas, llega en un momento de eclipse cultural global, donde el K-pop no solo domina las listas de éxitos, sino que redefine códigos estéticos en todo el mundo.
La trama, que mezcla comedia familiar y drama musical, sigue a BJ, un artista en crisis interpretado por el propio .Paak, que viaja a Seúl para integrarse en un reality show de idols. Allí descubre que el líder del grupo de trainees es Tae Young, su hijo real, Soul Rasheed. Esta premisa, aparentemente sencilla, es el vehículo para explorar la paternidad en la era digital y la fascinación mutua entre dos culturas que históricamente han dialogado en silencio. La película, rodada entre Corea del Sur y Estados Unidos, dedica especial atención a la coreografía, el vestuario y los rituales escénicos del K-pop, elementos que funcionan como metáforas de disciplina y transformación personal.
Detrás de cámaras, la gestación del proyecto duró cinco años, un tiempo en el que .Paak compaginó la escritura del guion con su vida en la carretera, primero con su banda y luego como parte del dúo Silk Sonic junto a Bruno Mars. La presencia de su hijo en el reparto, que creció durante el proceso —de los ocho a los once años—, obligó a reescribir escenas y adaptar tonos, reflejando la fugacidad de la infancia y la evolución de los gustos juveniles. Esta dimensión autobiográfica dota a la cinta de una autenticidad que evita la caricatura.
Uno de los pilares de la producción fue la asesoría cultural. Junto a la co-guionista Khaila Amazan, .Paak se sumergió en el ecosistema del K-pop, sus dinámicas de entrenamiento y su estética pulcra, pero también en la línea de montaje que define a grupos como New Edition o TLC en la música negra estadounidense. Este paralelismo, lejos de ser académico, se plasma en la paleta visual de la película: los uniformes de entrenamiento, los cambios de imagen coordinados y la obsesión por la sincronización recuerdan a la disciplina de la Motown, pero con un barniz tecnológico y una estética hipermoderna que ha conquistado a la Generación Z.
La banda sonora, trabajada con el productor Dem Jointz —figura clave en el sonido contemporáneo del K-pop gracias a su bagaje en el hip hop y el R&B de Los Ángeles—, fusiona estructuras occidentales con los ganchos pegadizos y los drops electrónicos típicos del género. .Paak describe este proceso como un ejercicio de “traducción cultural”: hallar el equilibrio entre el groove afroamericano y la precisión milimétrica de la producción coreana. El resultado son canciones que podrían encajar perfectamente en cualquier chart internacional, pero que conservan la espontaneidad del blues y el soul.
El casting incluye cameos de ídolos reales, como Kevin Woo, que aportan verosimilitud. Su participación no es solo un guiño para fans, sino una validación por parte de una comunidad conocida por ser recelosa de las representaciones externas. .Paak es consciente de este escepticismo y, en la película, incluye una línea que aborda directamente la acusación de “apropiación cultural”. Sin embargo, prefiere enmarcar su propuesta como un acto de “intercambio” y “homenaje”, recordando que la historia de la música está plagada de préstamos mutuos: desde el blues hasta el rock and roll, pasando por el soul y el hip hop.
En el terreno de la moda, KPops! funciona como un muestrario de las tendencias urbanas que han permeado desde Seúl hasta Madrid. Los trajes de los trainees, con sus siluetas ajustadas, combinaciones de colores vibrantes y accesorios maximalistas, contrastan con el estilo más desenfadado y callejero de .Paak, que evoca la elegancia slacker de la Costa Oeste estadounidense. Esta colisión visual refuerza el tema central: la búsqueda de una identidad híbrida. Para el público español, habituado a ver cómo las líneas de streetwear coreanas inundan las redes, la película ofrece un contexto narrativo a esos códigos de vestimenta.
Paralelamente, .Paak ultima los detalles de la gira con Bruno Mars bajo el nombre de Silk Sonic. Esta faceta, que lo mantiene en el ojo público, contrasta con la introspección de su debut cinematográfico. Ambas facetas, sin embargo, comparten un lenguaje estético común: el showmanship, el cuidado por el detalle visual y la fusión de referencias retro con sonidos actuales. En el escenario, la moda es un arma más de comunicación; en la pantalla, es un elemento narrativo.
El lanzamiento de KPops! coincide con un momento cumbre para la cultura coreana en occidente, tras éxitos televisivos como Squid Game o la expansión global de grupos como BTS. .Paak confía en que su película no sea percibida como un producto oportunista, sino como una pieza más de un mosaico cultural que ya está en movimiento. Su mensaje es claro: las fronteras genéricas, ya sean musicales o de moda, son permeables. Lo importante no es de dónde venga una tendencia, sino cómo se adapta, se respeta y se transforma.
Para el espectador español, KPops! supone una ventana a un fenómeno que, aunque lejano geográficamente, ya forma parte de su paisaje cotidiano en redes sociales y en las calles. La película no solo entretiene, sino que invita a reflexionar sobre cómo consumimos y reinterpretamos las modas ajenas, y cómo, en ese proceso, construimos identidades propias. En un mundo de algoritmos y tendencias fugaces, .Paak apuesta por una narrativa lenta, personal y, sobre todo, humana.
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