Una denuncia que sacude los cimientos de la inteligencia artificial global. La empresa californiana Anthropic, creadora del modelo Claude, ha lanzado una acusación sin precedentes contra tres de los laboratorios de IA más prometedores de China: DeepSeek, Moonshot AI y MiniMax. Según su investigación, estas firmas habrían或questrado campañas masivas y coordinadas, utilizando aproximadamente 24.000 cuentas fraudulentas, para extraer conocimiento de Claude a través de una técnica conocida como destilación de conocimiento. El volumen es colosal: más de 16 millones de intercambios con el modelo, diseñados específicamente para copiar sus capacidades más avanzadas en razonamiento, uso de herramientas y programación.
La práctica, aunque reconocida como un método de entrenamiento legítimo en la industria, ha cruzado una línea roja. Anthropic detalla cómo los investigadores chinos emplearon redes de proxies sofisticadas, arquitecturas que denominan «clústeres Hydra», para evadir las restricciones de acceso, especialmente el bloqueo comercial a China. Una sola red proxy, afirman, gestionó simultáneamente más de 20.000 cuentas falsas, mezclando tráfico legítimo con el de extracción para camuflar las operaciones. La escala y el carácter industrial del esfuerzo sugieren una infraestructura madura y bien financiada, posiblemente al servicio de múltiples entidades.
El corazón de la denuncia trasciende una mera violación de términos de servicio. Anthropic enmarca elphenómeno como una amenaza directa a la seguridad nacional. Argumentan que los modelos construidos mediante destilación ilícita carecen de los salvaguardas éticas y de seguridad implementadas por los laboratorios estadounidenses. Esta falta de control podría permitir a gobiernos autoritarios desplegar capacidades de IA de vanguardia para operaciones cibernéticas ofensivas, campañas de desinformación a gran escala o sistemas de vigilancia masiva, alimentando directamente aplicaciones de inteligencia militar y de estado.
Esta narrativa conecta de manera explícita y polémica con el encarnizado debate en Washington sobre el control de exportaciones de chips avanzados. Dario Amodei, CEO de Anthropic y históricamente partidario de restringir la venta de hardware a China, ha dado un giro radical en su discurso. Hasta ahora, se había mostrado cauteloso a la hora de atribuir los avances chinos directamente al robo. Hoy, afirma que los ataques de destilación socavan el propósito mismo de las restricciones, al permitir que laboratorios bajo el control del Partido Comunista Chino cierren la brecha tecnológica por medios ilícitos, haciendo parecer inefectivas las medidas de control.
El trasfondo legal es un laberinto. Como señalan análisis de bufetes como Winston & Strawn, la legislación sobre propiedad intelectual en el ámbito de la IA es aún un territorio gris. La Oficina de Derechos de Autor de EE.UU. ha establecido que las salidas de los modelos de IA no están protegidas por derechos de autor al carecer de autoría humana. Además, los términos de servicio de empresas como OpenAI asignan la propiedad de los resultados al usuario, debilitando potenciales reclamaciones por copyright. Esto deja la vía contractual como la más clara, pero hacerla cumplir contra entidades que operan a través de cuentas falsas y desde jurisdicciones extranjeras es una batalla casi perdida.
Ante este panorama, Anthropic no se ha limitado a señalar. Ha desvelado un arsenal de defensas técnicas: sistemas de huella digital comportamental, clasificadores para detectar patrones de solicitudes de cadena de pensamiento (chain-of-thought), y un endurecimiento de los procesos de verificación para cuentas de investigación y educación. Más importante aún, ha llamado a una acción coordinada entre toda la industria, los proveedores de nube y los gobiernos. Su mensaje es claro: la seguridad de las APIs de los modelos de IA frontera ya no es un problema comercial, sino una prioridad estratégica.
Las ondas expansivas de esta revelación son inmediatas. El Congreso de EE.UU. ya debate la «Ley No DeepSeek en Dispositivos Gubernamentales», y agencias como la NASA han prohibido el uso de modelos chinos en sus dispositivos. Ahora, con pruebas forenses detalladas sobre la mesa, el debate sobre los controles de exportación adquiere una urgencia y una gravedad nuevas. La industria se enfrenta a un dilema: ¿tratar estos hechos como un acto de espionaje económico en la nueva frontera digital, o simplemente como el costo inevitable de una competencia feroz en la era de la inteligencia como commodity? La respuesta definirá las reglas del juego para la próxima década.



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