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Anulación de aranceles globales de Trump no significa reducción de precios, dicen expertos.

Aunque la Corte Suprema de Estados Unidos anuló la semana pasada los aranceles globales impuestos por la anterior administración estadounidense al amparo de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, el sector de la moda y el retail en España difícilmente verá una reducción inmediata en los precios que enfrenta el consumidor final. La decisión judicial, que determina que el presidente no tiene autoridad para imponer dichos gravámenes sin el concurso del Congreso, no ha disipado el nerviosismo en una industria que depende de cadenas de suministro complejas y altamente globalizadas.

La respuesta inmediata de la Casa Blanca, activando una medida alternativa bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 para mantener un gravamen general del 10%, subraya la volatilidad del entorno comercial. Este nuevo arancel,Limitado a 150 días y con un techo del 15%, perpetúa la incertidumbre para importadores y marcas. Para el caso específico de la Unión Europea, y por ende de España, no existe un equivalente directo a la exención que gozan los productos amparados por el T-MEC (el antiguo CUSMA) entreEE.UU., Canadá y México. Ello significa que muchos productos de moda, calzado y complementos europeos sujetos a estos gravámenes permanecen en una zona de riesgo.

La anatomía de un producto de moda contemporáneo ilustra por qué la eliminación de un arancel no se traduce automáticamente en precios a la baja. Un bolso de diseño, unos pantalones de sastrería o unas zapatillas deportivas suelen incorporar componentes – cremalleras, hilos, tejidos específicos, químicos para curtidos – que pueden haber sido fabricados en distintos países y haber cruzado fronteras múltiples antes de llegar a la tienda. Cadaiscación intermedia en ese viajepudo haber absorbido parte del coste arancelario. Ahora, con la política comercial en constante flux, los actores del sector han internalizado ya esos sobrecostes en su estructura de precios.

Según datos de entidades financieras especializadas, la carga económica de los aranceles recayó mayoritariamente en consumidores y empresas estadounidenses. No obstante, la integración productiva transatlántica feeders que las empresas españolas y europeas, especialmente las con producción o ensamblaje en el exterior, también sintieron el impacto. Un analista de BMO Capital Markets señala que el efecto real no se mide tanto en la etiqueta de un jersey este otoño, sino en la confianza del consumidor para realizar compras de mayor ticket, como un automóvil o una vivienda, decisiones que se postponen en contextos de turbulencia económica.

La evidencia empirica sugiere que, una vez que los precios suben en el comercio minorista, su reversión es poco frecuente. Como apunta un veterano analista del sector retail, «la mayoría de las grandes cadenas y marcas no recortan precios. Esas márgenes adicionales suelen destinarse a recompras de acciones, dividendos o a promociones tácticas puntuales». El comprador, por tanto, no debe esperar que la eliminación de un gravamen en puerto de entrada se convierta en una ganga en la tienda física o en la plataforma online.

Para los empresarios de la moda, el problema de fondo trasciende la cifra concreta del arancel. «Lo que más daño causa es la falta de previsibilidad. Planificar la producción, invertir en nuevas colecciones o cerrar acuerdos logísticos requiere una visión a medio y largo plazo», explica un economista de una universidad española especializada en comercio internacional. «Una política que cambia radicalmente de un día para otro genera un coste de transacción altísimo y erosiona la confianza en el marco regulatorio».

En el caso de las materias primas estratégicas para la industria textil y del calzado, como los metales para herrajes o la piel, algunas siguen sujetas a aranceles sectoriales basados en consideraciones de seguridad nacional que no se vieron afectados por la reciente sentencia. Estos gravámenes, amparados en la Sección 232 de la ley de expansión comercial de 1962, para productos como el acero y el aluminio, representan un obstáculo persistente para ciertos eslabones de la cadena.

Mirando hacia adelante, la industria de la moda española, fuertemente orientada a la exportación y con una importante capacidad de diseño, se encuentra en una posición ambivalente. Por un lado, una menor tensión arancelaria global podría aliviar presiones en costes de materias primas importadas. Por otro, la desaparición del acuerdo T-MEC para Canadá y México, socios comerciales tradicionales deEE.UU., podría reconfigurar las redes de abastecimiento mundiales en detrimento de la eficiencia. La solución, como en tantos otros sectores, pasa por diversificar proveedores y reforzar la soberanía industrial europea, un camino largo y costoso que no ofrece soluciones inmediatas al bolsillo del consumidor.

En definitiva, el fallo del tribunal supremo estadounidense es una noticia jurídica significativa, pero su repercusión en el armario y el presupuesto del consumidor español será modesta a corto plazo. La moda, Like muchos otros sectores, tendrá que navegar entre la resaca de las tensiones comerciales pasadas y la bruma de las futuras, con precios que, en el mejor de los casos, se estabilizarán, pero que difícilmente retrocederán a niveles previos a la oleada proteccionista. La lección para el comprador es clara: en un mundo de cadenas de valor fracturadas y políticas impredecibles, las bajadas de precio serán la excepción, no la regla.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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