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Balenciaga presenta su colección otoño 2026 en un desfile revolucionario

Balenciaga presenta su colección Otoño/Invierno 2026 en París: Una narrativa visual entre la oscuridad y la humanidad

El desfile de Balenciaga para la temporada otoño/invierno 2026, presentado en un icónico espacio de los Campos Elíseos previamente ocupado por una flagship de Adidas, cerró la semana de la moda parisina con una puesta en escena que transitó entre el concierto de rock y la instalación de arte contemporáneo. La velada, que generó una expectación desmedida en la calle, no solo se debió al peso de la casa, sino también a la presencia de figuras del cine y la televisión, entre ellas el actor Hudson Williams, recientemente incorporado como “amigo” de la marca, dando fe de su incesante actividad en el ámbito del celebrity marketing.

El responsable de la atmósfera que envolvió la pasarela fue Sam Levinson, creador de la serie Euphoria, whose tercera temporada está prevista para abril. Su colaboración se materializó en decenas de pantallas que mostraban paisajes desérticos de California, manadas de lobos y el rostro de Danielle Deadwyler, entre otros actores de la nueva entrega, creando un hilo narrativo visual que precedió a la entrada de las modelos. Esta alianza refuerza una estrategia ya consolidada en Balenciaga: surfear las mareas de la cultura pop para dialogar con una audiencia global y younger.

Sin embargo, la energía inicial se diluyó en una demora superior a los cuarenta minutos. Cuando finalmente comenzó, el despegue de la colección, diseñada por Pierpaolo Piccioli, resultó más contenido de lo esperado. La propuesta se estructuró sobre un eje conceptual claro: la silueta, un diálogo constante entre la herencia de Cristóbal Balenciaga y una visión contemporánea del refuge personal.

El lenguaje de la colección se articuló en torno a una paleta dominada por el negro absoluto, color que ha devenido seña de identidad en la última etapa de la casa. Las piezas clave fueron los abrigos-silueta, verdaderos ejes sobre los que giraban los looks. Estos presentaban espalda abullonada, hombros ligeramente encogidos y, sobre todo, cuellos que enmarcaban el rostro de manera arquitectónica. Los portafolios, las solapas erguidas con ceremonial y los cuellos tubo no solo definían la silueta, sino que, según explicó el propio diseñador en la preview, eran un reflejo de la “sensibilidad particular” de Levinson para “encontrar la luz en la oscuridad”, una metáfora, afirmó, para el momento actual.

La primera parte del desfile, potente y cohesiva, desfiló en riguroso negro. Una chaqueta bomber de cuero con una espalda esférica, un abrigo marinero de corte escultórico con un cuello que emergía como un cáliz, y un abrigo de oficial con solapas casi independientes del cuerpo, mostraron un dominio excepcional de la construcción y el volumen. Entre estas declaraciones de outerwear, chirurgieron vestidos de jersey drapeados, verdaderas obras de ingeniería textil con costuras casi imperceptibles, y jeans de talle alto y corte preciso.

La oferta de accesorios, siempre crucial en el ecosistema Balenciaga, presentó evoluciones sutiles. El icónico bolso Hourglass apareció en versiones más blandas y arrugadas, mientras que unos brogues alzados y con tachuelas, fruto de una colaboración con la casa zapatera J.M. Weston, aportaron una dosis de irreverencia clásica.

Uno de los aspectos más significativos del desfile fue la presentación, por primera vez bajo la dirección de Piccioli, de la colección masculina en la pasarela principal. La línea para hombre compartió la filosofía de los abrigos imposibles y los pantalones de corte holgado, pero incorporó una capa de referencias gráficas directamente extraídas de Euphoria en jerseys, abrigos y sudaderas de felpa, soldando la colaboración con Levinson a la narrativa general.

Al finalizar, Piccioli, acosado por los fotógrafos, desabrochó la chaqueta de cuero de Williams para revelar una camiseta basica con la escena de un bar vacío impresa, una imagen tomada de las imágenes de Euphoria proyectadas durante el show. Este gesto, aparentemente simple, funcionó como el símbolo perfecto de una colección que busca, entre la oscuridad monocromática y el volumen protector, un punto de conexión emocional y narrativo con el espectador. La pregunta ahora es si esta apuesta por un simbolismo más íntimo y referencial resonará con la misma fuerza que sus anteriores explosiones de hype.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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