La pasarela de Prada durante la Semana de la Moda de Milán ha consolidado una estética que lleva meses gestándose en redes sociales: la belleza de la fatiga. La aparición de Bella Hadid en el desfile de otoño-invierno 2026/2027 fue la confirmación definitiva de que el denominado «tired makeup» o aesthetic de la chica agotada ha trascendido el ámbito digital para imponerse en la alta costura. La modelo, de 29 años, presentó una imagen casi irreconocible, con pómulos marcados por sombras y un intenso ahumado de carbón y liner que rodeaba sus ojos, acentuando una mirada cansada. Su cabello, desordenado y recogido en una cola de cabello deshilachada, completaba una imagen deliberadamente desprovista de brillo o artificialidad.
Este look, obra del maquillador oficial de la casa Lucia Pieroni, no era exclusivo de Hadid. Fue unleitmotiv que recorrió a todas las modelos, quienes desfilaron con miradas frías y una actitud de evidente despreocupación. La propuesta visual encajaba a la perfección con la narrativa presentada por los directores creativos Miuccia Prada y Raf Simons: una reflexión sobre la mujer contemporánea, abrumada por un cambio constante y una realidad compleja. Cada elemento, desde el maquillaje cargado hasta las prendas sueltas y anudadas con descuido, construyó un personaje de fragilidad y autenticidad forzada.
La tendencia, que irrumpió con fuerza a finales del año pasado, representa una clara rebelión contra el canon de belleza opresivo de la «chica limpia» (clean girl aesthetic) que había dominado algoritmos y alfombras rojas. Figuras como la actriz Jenna Ortega o la influencer parisina Lara Violetta fueron pioneras en llevar este estilo a espacios públicos, normalizando y hasta glamourizando rasgos como las ojeras, el liner smudgeado o la piel aparentemente descuidada.
Para Alonso Gómez,maquillador de reconocidas celebridades en Madrid, la clave de su éxito radica en su mensaje subversivo. «Deja de lado la búsqueda de una perfección uniforme y abraza lo que tradicionalmente se ha considerado un defecto. No se trata de parecer recién levantada con un filtro, sino de validar un estado de ánimo real, el cansancio, la introspección. Es un maquillaje que cuenta una historia de estrés y resiliencia, no de fuga», explica Gómez. Esta perspectiva la convierte en una herramienta de expresión personal más allá de la mera estética.
La experta en tendedencias beauty Alexa Persico, desde Nueva York, profundiza en el cambio de paradigma: «Durante años, el discurso dominante ha sido el de la luminosidad fake, la piel impecable, el ‘faking awake’. Esta tendencia grita lo contrario: acepta las ojeras, el eyeliner corrido, la vibra de sueño. Y justo por eso conecta. En una era de sobreestimulación digital, la gente anhela looks que se sientan humanos, sin filtrar. Es maquillaje que se adapta a tu estado de ánimo, no al requisito de un evento».
El salto de las redes a la pasarela de Prada no es un hecho aislado. Señala una madurez y una institucionalización de una corriente que nació como contracultura digital. La casa italiana, históricamente conocida por su intellectual approach a la moda, ha dotado a esta estética de una complejidad conceptual que la eleva de mero trend a declaración artística. La pregunta que queda en el aire es si esta apropiación por parte del lujo diluye su espíritu rebelde o, por el contrario, le concede la validación necesaria para instaurar un nuevo cánones de belleza donde lo imperfecto y lo cansado son, precisamente, el nuevo estándar de autenticidad. Para el lector que quiera experimentar con este estilo, los expertos coinciden en que la técnica reside en la aplicación irregular: difuminar sombras oscuras en el contorno del ojo, insistir en la zona de las ojeras con un corrector más claro de forma localizada, dejar que el rímel se corra ligeramente y optar por peinados que simulen haber sido hechos con prisas. La imperfección, en este caso, debe ser estudiada y calculada, no un accidente.



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