El departamento encargado de las relaciones exteriores de Canadá ha hecho pública una hoja de ruta que anticipa un viraje estratégico sin precedentes. En un documento de planificación para el período 2026-2027, al que ha tenido acceso estemedio, Global Affairs Canada (GAC) reconoce la necesidad de “asumir más riesgos” y de cuestionar “suposiciones tradicionales” en su labor diaria. Esta declaración marca un punto de inflexión para un servicio público históricamente cauteloso, especialmente en un contexto global marcado por la incertidumbre y la reconfiguración de alianzas.
El texto oficial subraya que Canadá y el mundo atraviesan un “momento pivotal”, impulsado por transformaciones geopolíticas, económicas y tecnológicas que ponen en entredicho las reglas y normas que sustentaron la prosperidad y seguridad del país durante décadas. Frente a este escenario, la institución plantea reorientar su energía hacia prioridades distintas, lo que implica una reevaluación profunda de sus objetivos operativos. Aunque el documento no especifica la naturaleza concreta de esos riesgos, sí detalla un cambio significativo en la política de ayuda internacional: los fondos se concentrarán en naciones con las que Ottawa busca forjar “nuevas asociaciones económicas basadas en el beneficio mutuo”.
Esta重新 enfoque responde directamente a la agenda del primer ministro Mark Carney, quien ha insistido en la urgencia de diversificar las relaciones comerciales y reducir la dependencia tradicional de Estados Unidos. La ayuda al desarrollo, por tanto, se convierte en un instrumento más de la política exterior comercial, aunque el documento asegura que se mantendrán los compromisos con la reducción de la pobreza, la igualdad de género y la asistencia humanitaria. No obstante, la prioridad clara es alinear la cooperación internacional con el objetivo geopolítico de construir redes de partners alternativos que amortigüen la creciente antagonidad estadounidense.
Los analistas señalan que este giro se produce en medio de presiones sin precedentes sobre el departamento. La administración de Donald Trump ha alterado drásticamente la relación bilateral, pasando de ser un aliado estable a una superpower dispuesta a usar su poder económico y militar de manera impredecible. Desde las amenazas de anexión de Groenlandia hasta los aranceles unilaterales y la guerra con Irán, GAC ha tenido que navegar una secuencia de crisis que han puesto a prueba su capacidad de respuesta. A esto se suman los recortes de personal y presupuesto impuestos por Carney: se proyecta la eliminación de 1.533 puestos entre 2025 y 2028, y un descenso del gasto de 9.060 millones de dólares este año a 6.560 millones en 2028-2029.
Roland Paris, director de la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Ottawa, critica la contradicción entre el discurso expansionista de Carney y la contracción de su principal herramienta diplomática. “Parece sorprendente que, en un momento en que el gobierno habla de la crucial importancia de ampliar las relaciones económicas y de seguridad de Canadá en el mundo, simultáneamente recorte el presupuesto de nuestro ministerio de asuntos exteriores”, afirmó. Paris recuerda que, aunque las inversiones en defensa son necesarias, “necesitamos mucho más que herramientas militares para navegar un mundo mucho más complejo”.
Un informe interno de GAC de 2025 ya alertaba sobre los efectos acumulativos de los cambios organizacionales constantes, la mayor carga de trabajo y la necesidad de tomar decisiones difíciles en un entorno de recursos escasos. Esto, según el documento, amenaza el bienestar del personal, su retención y la capacidad del departamento para seguir siendo un empleador atractivo. La reciente designación de David Morrison, un ex alto funcionario de GAC cercano a Carney, en un nuevo puesto en la Oficina del Consejo Privado centrado en estrategia geopolítica, sugiere una posible transferencia de poder desde GAC hacia el centro de gobierno en materia de política exterior.
Sin embargo, la diplomacia sobre el terreno sigue siendo insustituible. “Esta es la primera línea de cualquier estrategia internacional; serán las personas que construyan y mantengan relaciones in situ”, subraya Paris. Con menos recursos, esos diplomáticos enfrentarán un desafío monumental para promover los intereses canadienses en un mundo donde las alianzas se redefinen rápidamente. El llamado de GAC a “enfrentar el mundo como es, no como deseamos que fuera”, reflejado en el discurso de Carney en Davos, ahora debe materializarse con medios significativamente reducidos, lo que plantea interrogantes sobre la verdadera capacidad de Ottawa para proyectar influencia en la escena global.



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