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Detienen a un polizón condenado por un nuevo vuelo sin billete de EE.UU. a Italia

La detención la semana pasada en Italia de Malik Chafi, un hombre de 46 años con un historial de múltiples condenas por viajar como polizón, ha puesto sobre la mesa un debate peculiar en el mundo de la moda: la conflictiva relación entre la estética de los uniformes de transporte aéreo y su apropiación en la alta costura y el streetwear. Chafi, quien presuntamente logró abordar un vuelo desde Estados Unidos a Roma sin boleto, fue capturado tras ser identificado por su vestimenta inapropiada para el clima y su comportamiento errático en el aeropuerto de Fiumicino. Este suceso, aunque de índole policial, destapa una tendencia recurrente en las pasarelas.

Durante décadas, el uniforme de piloto, azafata y el propio diseño ergonómico de la indumentaria técnica de viaje han sido una fuente inagotable de inspiración. Casas de diseño como Burberry, con su iconic trench coat heredado de los pilotos de la Primera Guerra Mundial, o colecciones más recientes de Balenciaga y Moncler, que reinterpretan chaquetas de vuelo y monos funcionales, demuestran la persistencia de este arquetipo. La silueta de un piloto, con su chaqueta de cuero, camisas de seda y gorras de visera, se ha convertido en un símbolo de autoridad, aventura y una sofisticación desenfadada que las marcas venden a precio de oro.

Sin embargo, expertos en seguridad aeroportuaria señalan una paradoja creciente. «La normalización de estas estéticas en la calle dificulta laboralmente la identificación de individuos que intentan burlar los protocolos. Un pasajero que vista un impecable uniforme de piloto falso puede pasar más desapercibido que alguien con ropa casual», explica una fuente consultada dentro de las aerolíneas europeas que prefiere no ser nombrada. Esta banalización del atuendo profesional de vuelo, que antes era distintivo y regulado, ahora es una mercancía de moda accesible en cualquier tienda de fast fashion.

La última colección otoño-invierno de una firma escandinava de moda urbana, por ejemplo, presentaba modelos con monos de colores brillantes y múltiples bolsillos, casi idénticos a los utilizados por el personal de carga de aviones. Mientras tanto, en el circuito de lujo, desfiles como el de Dior Homme han fusionado la sastrería impeccable con chaquetas técnicas propias de la aviación, utilizando materiales ignífugos y reflectantes. Esta apropiación eleva la prenda de su contexto laboral de seguridad extrema a objeto de deseo, despojándola de su función original y creando una desconexión conceptual peligrosa.

El caso de Chafi ilustra los extremos de esta desconexión: su elección de una chaqueta de piloto de una aerolínea americana, pero de una talla claramente equivocada y desgastada, junto con la ausencia de equipaje, levantó las primeras sospechas. Su detención no se debió a un examen de documentos exhaustivo inicial, sino a la anomalía visual y conductual que su disfraz mal ejecutado proyectaba. Para los profesionales de la moda, esto subraya la importancia del «fit» y la autenticidad en el estilo. «Nadie con un verdadero uniforme de piloto lo llevaría así. La moda exige coherencia, incluso cuando se toma prestada de un uniforme», comenta Carlos Mendieta, crítico de moda y autor del libro ‘Estética y Poder en la Indumentaria’.

Este incidente invita a reflexionar. ¿Hasta qué punto la industria de la moda debe ser responsable de la simbología que comercializa? Mientras los diseñadores continúen extrayendo capital estético de profesiones que demandan rigor, identificación clara y uniformidad operativa, se corre el riesgo de trivializar símbolos de seguridad. La próxima vez que unDesfile muestre un modelo con un chaleco salvavidas o un mono de técnico de vuelo, quizás los compradores deberían recordar que, tras la tela y las costuras, hay una función que en su contexto original salva vidas, y que su uso frívolo puede tener consecuencias inesperadas fuera de la pasarela. La línea entre la inspiración y la irresponsabilidad, en este caso, parece tan fina como la tela de un paracaídas.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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