La pasarela de Prada para el otoño-invierno 2026, presentada en Milán, ha consolidado una reflexión profunda sobre la estratificación como metáfora de la identidad moderna. Bajo la dirección creativa de Miuccia Prada y Raf Simons, la colección no se limita a la superposición de prendas, sino que extiende este concepto a los accesorios, especialmente al calzado, creando un diálogo entre la rusticidad aparente y un lujo hiperbólico.
Uno de los pilares visuales de la propuesta radica en los calcetines声明. Siguiendo una tendencia que ya asomaba en casas como Fendi, Prada eleva este accesorio a elemento central de styling. Calcetines altos, en黑白 impecables, se combinan con escarpines de punta y zapatos Derby, introduciendo un contraste lúdico con patrones florales o delicados encajes de ganchillo en su parte inferior. Este guiño a una cierta informalidad controlada recuerda a experimentos previos de la firma, como los calcetines cortos de Miu Miu que dejaban los dedos al descubierto, demostrando una constante exploración en este ámbito.
Pero donde la colección alcanza una nota de fascinación técnica y visual es en las botas. La pieza estrella es una bota de plumas en un azulPearl Acknowledgements, con un cañ ajustado como una segunda piel, puntera afilada y un tacón bloque bajo. El cordonero amarillo cruza la silueta en forma de zigzag, anudándose en ganchos que remiten a un corsé victoriano edgy. Este detalle de atado, lejos de ser meramente ornamental, se repite en otras siluetas, como en los escarpines de tacón gatito, donde las tiras cruzan la parte delantera (vamp) en juegos geométricos, existiendo incluso versiones que incorporan plumas en su superficie.
El empleo de la pluma como material principal en calzado supone un ejercicio decontraste. Mientras los Looks evolucionaban sobre la pasarela deshaciendo capas para revelar diferentes outfits, el calzado se mantenía, actuando como ancla de cada estilismo. Este calzado, descrito por analistas como “hiper-lujoso”, dialogaba con la intencionalidad desordenada de la ropa. A las botas de plumas se sumaban mochilos y bolsos de mano en cocodrilo pulido, completando una paleta de accesorios que apuestan por la artesanía más exquisita.
Además de la textura plumífera, la ornamentación alcanzó cotas de virtuosismo. Bombitas y zapatos de tacón bajo se cubrieron con cuentas y piedras, creando efectos que evocan joyería o lámparas de araña en miniatura. Esta decoración, pendulosa y brillante, se aplicó también en versiones en rojo rubí intenso y amarillo canario, colores puros que acted como puntos focales. Una bota alta en amarillo vibrante recibió este mismo tratamiento de cuentas, fusionando la silueta robusta con una feminidad recargada y narrativa.
Tras la presentación, la casa explicó en bastidores que la filosofía de la colección gira en torno a “la continua necesidad del cambio”. El acto de quitarse y ponerse capas sobre el cuerpo se interpreta así como una analogía de cómo la mujer navega y refleja las transiciones vitales a través de su vestimenta. En este contexto, el calzado —especialmente las botas de plumas y los modelos ornamentados— no son meros complementos, sino declaraciones de intención. Son piezas que resisten al desorden, que aportan una dosis de fantasía controlada y ofrecen un contrapunto sólido a la fluidez de las telas, planteando una moda que se piensa a sí misma como un ecosistema de opuestos en permanente conversación.



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