Fallece actor de ‘Interiors’ y ‘According to Garp’ a los 79 años

Mary Beth Hurt, la actriz que definió la elegancia discreta en el cine de los años setenta y ochenta, ha fallecido a los 79 años. Su muerte, ocurrida el pasado sábado en una residencia asistida de Jersey City, Nueva Jersey, cierra la trayectoria de una intérprete que, lejos de los focos, construyó una carrera basada en la autenticidad y la profundidad emocional. Diagnosticada con Alzheimer en 2015, Hurt pasó sus últimos años en Nueva York, acompañada por su esposo, el reconocido guionista y director Paul Schrader.

Aunque su nombre no era sinónimo de taquillas masivas, Hurt dejó una huella imborrable en películas icónicas que hoy son referentes de estilo. En «Interiores» (1978), la primera incursión dramática de Woody Allen, interpretó a Joey, una artista en ciernes cuyo look reflejaba la estética bohemia y cerebral de la época, con vestidos holgados y peinados naturales que contrastaban con la sofisticación de sus hermanas. Este papel, que según críticos de la época mostró su capacidad para transmitir complejidad con minimalismo, la situó en el mapa del cine independiente.

Su versatilidad se evidenció en «El mundo según Garp» (1982), donde encarnó a Helen Holm, una mujer inteligente e independiente cuyo vestuario evolucionaba desde la ropa práctica de los años cincuenta hasta la elegancia más pulida de las décadas siguientes, capturando la esencia de una mujer que desafía convenciones. Junto a Robin Williams, Hurt demostró que la moda en el cine podía ser un vehículo para narrar transformaciones personales.

Pero Hurt no se limitó al cine. En Broadway, donde debutó en 1974, acumuló quince producciones y tres nominaciones al Tony. En «Crímenes del corazón» (1981), su interpretación de Meg Magrath la consolidó como una maestra del teatro de conjunto, donde el vestuario, a menudo más sobrio, servía para resaltar las emociones crudas de las hermanas sureñas. El dramaturgo David Hare, que la dirigió en «El secreto rapto» (1989), destacó su capacidad para «dar vida a personajes con una mezcla de técnica inglesa y espontaneidad americana», una cualidad que se trasladaba a su presencia escénica, donde cada gesto y atuendo parecía cuidadosamente elegido, pero natural.

Su biografía personal también está ligada a una época de cambios estilísticos. Nacida en Marshalltown, Iowa, en 1946, Hurt creció en un entorno modesto pero culturalmente rico, con una madre que la llevaba al teatro en Des Moines. Su encuentro con la futura estrella Jean Seberg, quien la cuidaba de niña, marcó su infancia; Seberg, ícono de la Nouvelle Vague, ejercería una influencia indirecta en su percepción del estilo cinematográfico.

Tras estudiar drama en la Universidad de Iowa y en la Tisch School of the Arts de NYU, Hurt se sumergió en el teatro neoyorquino, donde su talento la llevó a compartir escenario con figuras como Meryl Streep en «Trelawny del ‘Wells'» (1976). Su carrera en celuloide, sin embargo, siempre priorizó la sustancia sobre el brillo. «Nunca me sentí cómoda como protagonista», confesó en una entrevista de 2010. «Los papeles secundarios me ofrecían más matices, especialmente porque los roles de ingenua solían ser bastante insípidos. Buscaba algo que me intrigara, y a menudo ‘torcía’ al personaje para que tuviera idiosincrasias».

Esta filosofía se reflejaba en su approach al vestuario: en lugar de seguir tendencias, elegía ropa que sirviera a la narrativa. En «Padres» (1989), comedia negra dirigida por Bob Balaban, su interpretación de una madre de los años cincuenta con un comportamiento peculiar requería un look impecablemente años cincuenta, que ella elevaba con una cierta ironía. En «Seis grados de separación» (1993), como una socialité neoyorquina, lucía diseños que hablaban de riqueza y estatus, pero con una humanidad que desmentía la superficialidad.

Fuera de cámara, Hurt era conocida por su estilo sobrio y elegante, alejado de los excesos de Hollywood. Su matrimonio con William Hurt, otra estrella de los setenta, y luego con Paul Schrader, la vinculó a círculos artísticos donde la moda era una expresión de intelectualidad. Ella, sin embargo, prefería la simplicidad: en sus apariciones públicas, solía optar por trajes clásicos y colores neutros, una estética que muchos críticos han llamado «elegancia invisible».

Su legado en la moda cinematográfica es sutil pero perdurable. En una era donde el vestuario a menudo dicta la identidad de los personajes, Hurt demostró que la autenticidad puede surgir incluso con los atuendos más sencillos. Sus interpretaciones en «Interiores» y «Garp» son estudiadas hoy en cursos de cine y moda por cómo el vestuario refleja la evolución psicológica.

Con su fallecimiento, se va una de las grandes actrices de su generación, cuya contribución a la pantalla grande y el escenario fue tan importante para la narrativa visual como para la dramática. Para los amantes de la moda, su cine ofrece una lección sobre cómo la ropa puede ser un diálogo silencioso entre el personaje y el público, y cómo la elegancia verdadera reside en el understatement.

Le sobreviven sus hijos, Molly y Sam, y el mundo del arte la recordará no solo por sus nominaciones al Tony, sino por haber encarnado, con sencillez y profundidad, el espíritu de épocas que hoy revisitamos a través de su obra.
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Escrito por Redacción - El Semanal

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