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Hex sumerge al mundo de Witch Club Satan, banda femenina de black metal

El documental ‘Hex’ desvela la ascensión de Witch Club Satan, la banda femenina que revolucionó el black metal con estética y feminismo

En los circuitos internacionales de documentales, una producción noruega está captando la atención por su retrato audaz de un fenómeno musical que desafía convenciones. Se trata de ‘Hex’, ópera prima de la directora y cinematógrafa Maja Holand, que acompaña la trayectoria de Witch Club Satan, un trío de jóvenes noruegas que, sin formación musical previa, irrumpió en la escena del black metal –uno de los géneros más oscuros y tradicionalmente masculinos– para transformarlo con una propuesta visual y conceptual profundamente disruptiva. La cinta, que celebra su premiere internacional en el Festival de Documentales de Tesalónica, también pasará por el prestigioso CPH:DOX de Copenhague, consolidándose como un testimonio crucial sobre el poder de la creación colectiva y la reivindicación estética.

La historia que narra ‘Hex’ parece sacada de una ficción trepidante: Nikoline, Victoria y Johanna, motivadas por una necesidad de expulsar la “entumecimiento” que sentían, decidieron formar una banda y autodenominarse “brujas”. Armadas únicamente con una estética sangrienta, primitiva y voluntariamente cruda –pintura facialblack, atuendos que fusionan lo ceremonioso con lo ruidoso–, se lanzaron a tocar instrumentos que casi no dominaban. Lo que comenzó como un acto de Catarsis personal escaló rápidamente hasta girar por los principales festivales de música extrema del mundo. Pero su batalla trascendía lo musical; era un pulso abierto contra las rígidas estructuras de un ámbito reacio a la presencia femenina.

El documental, producido por Mari Nilsen Neira y montado por la propia Holand junto a Hilde Bjørnstad, utiliza la música original de Witch Club Satan como banda sonora inseparable de su relato. Sin embargo, ‘Hex’ va mucho más allá del biopic musical. A través de una estructura narrativa que entrelaza el devenir grupal con los viajes íntimos de cada integrante, Holand explora cómo la construcción de una imagen –de una “máscara” de bruja– se convirtió en herramienta de empoderamiento. La moda, aquí, no es simple adorno; es un lenguaje político. La elección de una paleta visual entre lo sangriento y lo ritual, la apropiación de símbolos históricamente estigmatizados, se analiza como un acto de reappropriación que cuestiona los cánones de género y belleza en una subcultura famosa por su hermetismo.

Uno de los recursos más celebrados del filme es su set de “juicio de brujas moderno”. Inspirada en las persecuciones históricas, Holand construye una escenificación judicial donde la banda comparece frente a un juez que lee en voz alta los insultos y críticas recibidos en redes sociales y por parte de la escena. Esta idea, según confiesa la directora, surgió de manera casi intuitiva durante una carrera. “Necesitaba una forma cinematográfica de mostrar la hostilidad sin recurrir a simples textos en pantalla”, explica. El recurso no solo resuelve eficazmente la exposición de datos complejos, sino que establece un paralelismo desgarrador: la condena por queer, por ruidosa, por “no sufficiently metal”, eco de siglos de caza a las mujeres que se salían del canon. Este montaje subraya una de las tesis centrales del documental: que la etiqueta de “bruja” sigue siendo hoy un武器 para silenciar a quien osa ser distinta.

El proyecto de Witch Club Satan se define explícitamente como feminista desde su génesis. “Ellas se autoproclamaron banda de black metal feminista desde el primer día”, señala Holand. La directora, quien además trabaja con la iniciativa Herstory para fortalecer perspectivas femeninas en el cine, asume sin ambages la etiqueta de “cineasta feminista”. Su镜头 no idealiza a las protagonistas; captura su fragilidad, sus dudas, y cómo, al aprender a tocar, también aprenden a habitar un espacio que las excluía. “Ser bruja, para mí ahora, es un título honorífico: significa tener el poder y el coraje de sentir y vivir quién eres realmente”, reflexiona. Esta definición, alejada de lo esotérico, se ancla en un terreno de autenticidad y resistencia que conecta directamente con las audiencias jóvenes que buscan referentes fuera de los moldes.

Para Holand, sumergirse en este proyecto fue también unrescate personal. “Cuando las encontré, acababa de ser madre de tres niños y sentía que mi mundo se derrumbaba; me sentía muerta por dentro. Su energía, su decisión de ‘despertar’ aun sabiendo que nunca serían ‘suficientemente buenas’, me conmovió profundamente”, reconoce. Ese impulso vital es lo que la llevó, siendo cinematógrafa y sin planes de dirigir, a proponerles acompañar su viaje. La película resultante, pues, es un dobleviaje: el de la banda hacia el escenario, y el de la directora hacia una vocación reclaimada.

‘Hex’ llega en un momento en que la moda alternativa y la música extreme están revisando sus narrativas de género. El estilo de Witch Club Satan –voluntariamente tosco, anti-hedónico, de una brutalidad casi performática– propone una estética que alterna entre lo DIY y lo simbólicamente potente. No persigue la perfección técnica en el instrumento, sino la veracidad del gesto, algo que resuena en tendencias actuales que privilegian la autenticidad sobre la pulcritud. La cinta, por tanto, interesa no solo a los amantes del black metal o del documental musical, sino a cualquiera que explore las intersecciones entre moda, identidad y disidencia.

Con la película en proceso de distribución internacional, Holand contempla ya nuevos horizontes. Tras la intensidad de dirigir un largometraje, anhela volver a formatos más breves como videoclips o cortometrajes, y retomar su rol de cinematógrafa junto a otros directores. Pero su intuición cinematográfica, asegura, sigue alerta. Mientras tanto, ‘Hex’ se erige como un manifiesto visual imprescindible: prueba de que, a veces, basta con coger un instrumento, pintarse la cara y gritar para hacer temblar los cimientos de lo establecido. Una lección de coraje que trasciende el metal y habla, en su crudeza, a cualquier persona que haya sentido la necesidad de romper con lo normativo.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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