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Inversores lideran la compra de marcas de belleza en 2026

El panorama de las adquisiciones en el sector de la belleza experimenta una reconfiguración significativa de cara a 2026. Tras años de intensa actividad, el tejido de compradores se está transformando, con grandes consorcios replanteando sus carteras y nuevos actores emergiendo desde mercados antes periféricos.

Las principales corporaciones estratégicas, históricamente motor de las grandes operaciones, parecen haber entrado en una fase de consolidación. El Grupo Estée Lauder, pese a haber completado la adquisición total de la india Forest Essentials, concentra sus esfuerzos en desinversiones selectivas. Fuentes del sector señalan que marcas como Dr. Jart+, Too Faced y Smashbox están en el mercado, buscando un nuevo propietario. Esta tendencia no es exclusiva de Lauder. LVMH y Coty también son objeto de constantes rumores sobre posibles ventas de activos como Make Up For Ever o Fenty Beauty, mientras Coty ha iniciado una revisión estratégica de su negocio de coloración masiva en Brasil. El proceso de reestructuración de Shiseido, por su parte, sugiere que el grupo japonés no será un comprador activo a corto plazo.

Sin embargo, algunos gigantes mantienen el pulso adquisitivo, aunque con una selectividad exacerbada. L’Oréal y Unilever continúan en la brecha, pero con criterios mucho más definidos. La primera se encuentra inmersa en la evaluación de una potencial operación para adquirir el 15% de Giorgio Armani Beauty, tal como establece el testamento del diseñador. Unilever, bajo la dirección de su CEO Fernando Fernández, ha declarado públicamente su intención de aumentar compras, con el foco puesto en Estados Unidos e India, preferentemente en categorías de cuidado personal y bienestar.

El tradicional vigor de las firmas de capital privado (PE) especializadas en consumo parece haber mermado. Voces de la banca de inversión confirman una contracción drástica: donde hace cuatro años podrían haber sido dos docenas las entidades activas, hoy el número se ha reducido sustancialmente. Casos como Eurazeo, que ha cerrado su brazo de inversión en marras, o la retirada progresiva de Carlyle, TPG y TA Associates del epicentro de la belleza, ilustran este giro. «El ecosistema del PE ha encogido», resume una fuente bancaria.

No obstante, el vacío dejado por estos jugadores está siendo ocupado por un elenco más diverso y, en ocasiones, inesperado. Los compradores estratégicos asiáticos han ganado protagonismo. Las corporaciones coreanas, con Amore Pacific a la cabeza, y firmas como Good Global (que recaudó 600 millones de dólares en diciembre) exploran activamente la compra de marcas de K-beauty con base en Estados Unidos, valorando su potencial en el mercado local. Los grupos chinos, en paralelo, muestran preferencia por el lujo cosmético europeo, mientras algunos, como Proya, construyen plataformas multicaategoría aspirantes a ser «el L’Oréal chino».

En el ámbito del capital privado, persiste un núcleo duro de entidades con una convicción firme en el sector. «Queda un puñado de fondos que siguen confiando en el espacio y analizan marcas en todas las categorías», apunta Marissa Lepor, managing director en The Sage Group. Su observación es clave: mientras muchos fondos huyen del maquillaje por su volatilidad, estos especialistas ven en el color una oportunidad a largo plazo, complementada con skincare, fragancia y cuerpo. «Inviertes en lo que crees que será el ganador, y puede haber múltiples ganadores», añade.

Ejemplos concretos de actividad abundan. Advent International y Bansk Group (que acaba de adquirir la mayoría de Byoma) siguen activos. TSG Consumer Partners apostó por Summer Fridays, L Catterton por Ex Nihilo, y General Atlantic por Osea. Yellow Wood Partners ha construido un gigante del cuidado personal, Evermark, tras fusionar Suave y Elida, con un portafolio que incluye marcas icónicas como Pond’s, Noxzema o Chapstick. Church & Dwight, tras comprar Hero Cosmetics y Touchland, demuestra que su playbook de adquisiciones focalizadas en criterios estrictos funciona. Y el movimiento más disruptivo: Kimberly-Clark, gigante del tissue, anunció la compra de Kenvue (dueña de Neutrogena, Aveeno u OGX) por 48.700 millones de dólares, una jugada que, según analistas, prioriza el componente de salud del consumidor, generando incertidumbre sobre el futuro de los activos de belleza en su cartera.

Mientras tanto, un creciente número de firmas especializadas en «rescates» o «turnarounds» (como AS Beauty o Rare Beauty Brands) se prepara para adquirir marcas subyacentes de grandes grupos o fundadores independientes que han perdido fuelle. «Esas desinversiones irán a jugadores de valor», sentencia una fuente del sector, indicando que marcas como Too Faced, por su tamaño y complejidad, son «un barco difícil de girar» para un fondo de crecimiento típico.

La interrogante sobre quién compra se responde, pues, con un mapa fragmentado pero vivo. «El panorama de compradores ha evolucionado, pero sigue siendo activo y cada vez más diverso», concluye Rich Gersten, cofundador de True Beauty Ventures. El atractivo intrínseco de la categoría —crecimiento en precio y volumen, alta rotación— permanece intacto, aunque la exigencia de rentabilidad y el «bar» de excelencia operativa han subido de forma irreversible. La belleza ya no es ese coto de caza casi monopolizado por unos pocos; es un territorio disputado por estrategas globales, fondos nicho y nuevos capitoste de Asia, todos orbitando alrededor de marcas que buscan, con urgencia, un hogar donde revitalizar su esencia.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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