in

Joan Burstein cumple 100 años y sigue descubriendo nuevo talento con pasión.

Joan Burstein, leyenda de la moda, cumple 100 años con la vista puesta en el futuro del diseño

LONDRES — La historia de la moda contemporánea no se entendería sin la mirada avezada de Joan Burstein. Este sábado, la creadora del mítico mercado multimarca Browns, la tienda que se convirtió en el altar de la vanguardia para Londres y el mundo, celebra su centenario en su residencia de Ibiza. Lejos de retirarse, la nonagenaria mantiene una opinión aguda y una pasión intacta por descubrir el próximo gran talento, una faceta que la define tanto como su legado como pionera.

Su legado es el de una visionaria. Junto a su marido, Sidney, Burstein comenzó con un humilde puesto en un mercado londinense antes de establecer Browns en South Molton Street en 1970. Lo que inició como una apuesta personal se transformó rápidamente en el epicentro internacional de la moda, una institución que presentó en el Reino Unido a gigantes como Giorgio Armani, Calvin Klein y Ralph Lauren cuando aún eran nombres en ascenso. Pero su verdadera aportación fue alzar a la generación que redefinió la pasarela: fue la primera en comprar y creer en las colecciones de un joven John Galliano, un emergente Alexander McQueen o el entonces estudiante Hussein Chalayan. Su olfato era infalible.

Sin embargo, Burstein, a quien en el corazón de Londres se conocía cariñosamente como “Mrs. B”, observa con una mezcla de pragmatismo y nostalgia la evolución del sector. En una conversación reciente, no dudó en señalar una diferencia fundamental entre su época y la actual. “No existe el mismo talento que en los años ochenta y noventa”, afirmó. Su análisis va más allá de la estética; se centra en la esencia del creador. “Antes, diseñadores como Yves Saint Laurent o Sonia Rykiel tenían una firma inconfundible y vestían a sus clientas de pies a cabeza. Hoy, cada diseñador hace lo suyo, pero esa identidad total, esa narrativa completa, es más rara. No significa que no haya talento, es que no perdura de la misma manera”.

Este distanciamiento no nace del escepticismo, sino de un anhelo profundo. “Me encantaría descubrir un talento auténtico, de verdad”, confesó. Su deseo resonates strongly con un sector saturado, donde la velocidad y el ruido digital a menudo opacan la profundidad del oficio.

El método de Burstein para identificar ese diamante en bruto era tan intuitivo como exigente. Su tienda era un templo a la experimentación controlada, un lugar donde convivían la sofisticación de Walter Albini para Callaghan, la audacia de un Karl Lagerfeld en Chloé, la pureza de Jil Sander y la vanguardia de Comme des Garçons, esta última antes de convertirse en un fenómeno global. Su criterio era la coherencia y la calidad, no la moda pasajera.

Pero el genio de “Mrs. B” no residía solo en la selección de products. Era una maestra en el arte de la relación con el cliente, una filosofía que hoy suena casi revolucionaria. En los primeros días de Browns, cuando clientas como la actriz Julie Christie o Linda McCartney llenaban su espacio, su objetivo era claro: “Vestir a esas personas maravillosas, hacerles conscientes de cómo podían verse, cómo podían amar su ropa. Quería hacerlas felices”. Para lograrlo, tenía una regla de oro para su equipo: “Nunca dejaría que nadie saliera de la tienda sin sentirse bien con lo que había comprado. Nosotros no vendíamos por comisión. Había que dar placer a la clienta, y la clienta sentía placer contigo”.

Esa humanización del retail, where the transaction secondary to the experience, contrasta con los modelos actuales basados en algoritmos y engagement a corto plazo. Su historial demuestra que la confianza, la educación y el respeto mutuo construyen lealtades eternas y社區s de marca sólidas.

El árbol genealógico creativo de Browns es vasto. Además de los nombres ya citados, figuras como Paul Smith, Manolo Blahnik, Liz Earle o Richard James, tuvieron sus primeros pasos formativos entre las paredes de esa tienda, ya sea diseñando, comprando o trabajando en el mostrador. Fue un ecosistema de formación práctica donde la ambición encontraba suelo fértil.

A sus cien años, Joan Burstein representa la encarnación de una moda con alma, donde la intuición, el riesgo calculado y la devoción por el cliente eran el motor. Su legado no es solo un listado de diseñadores que lanzó, sino una lección sobre cómo construir un negocio con carácter, perspicacia y, sobre todo, una profunda creencia en el poder transformador de la ropa bien concebida. Mientras el sector busca desesperadamente la próxima tendencia en redes sociales, ella sigue esperando, en silencio, a ese diseñador que, como en sus mejores tiempos, tenga algo verdadero y duradero que decir.

¿Qué opinas?

Escrito por Redacción - El Semanal

El Semanal: Tu fuente de noticias, tendencias y entretenimiento. Conéctate con lo último en tecnología, cultura, economía y más. Historias que importan, contadas de manera dinámica y accesible. ¡Únete a nuestra comunidad!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

GIPHY App Key not set. Please check settings

Alcalde de Ontario exige eliminar el nombre de Andrew del debate

Atacantes cibernéticos comprometen 700 empresas mediante plataformas CX validadas por SOC