Alessandro Dell’Acqua redefine la elegancia adulta en su colección Otoño-Invierno 2026 con una narrativa cinematográfica
El desfile de la colección No. 21 Fall 2026 Ready to Wear de Alessandro Dell’Acqua comenzó con una inversión deliberada del orden narrativo: las modelos cerraban el espectáculo en los primeros compases, ataviadas en una paleta de blanco, negro y rojo intenso. Esta decisión escenográfica, que situaba el final al inicio, funcionó como un manifiesto visual de una propuesta que desafía la linealidad. El diseñador napolitano, conocido por evocar la sensualidad del cine neorrealista italiano, articuló una colección donde el glamour se desprende de toda afectación, dirigido a una mujer que ha dejado atrás la dictadura de las tendencias fugaces.
La base del armario propuesto se asentó sobre piezas de un clasicismo inmediato, pero matizadas por un savoir-faire contemporáneo. Abrigos de tweed con cuellos de piel, trajes de doble botonadura en lana gris noche o rojo vibrante —algunos adornados con discretos cristales en el cuello— y vestidos de silueta ceñida con cuellos blancos de gran volumen establecieron un diálogo entre lo masculino y lo femenino, entre la sobriedad y el dramatismo. La sastrería, en particular, transitó por un espectro amplio: desde el oversize deliberadamente masculino hasta versiones más ajustadas con un aire retro de los años sesenta, con chaquetas cropped y faldas de peplum en tweed o lana.
El contraste fue el hilo conductor. Dell’Acqua emparejó prendas de factura aparentemente simple, como cárdigans de lana que se deslizaban descuidadamente del hombro o chaquetas oscuras y severas, con faldas lápiz y vestidos cortos en tejidos metálicos que reflejaban la luz con un brillo casi industrial, en tonalidades rojas, plateadas y doradas. Esta yuxtaposición, que rezumaba una «complejidad y contradicción» calculada, elevaba lo cotidiano a través de un detalle disruptivo. Los minivestidos en particular, con su textura que remitía al papel de aluminio, presentaban una modernidad casi克鲁, un guiño a la irreverencia que se codea con la alta costura.
Tras la colección, el diseñador desgranó las capas de inspiración que dieron forma a esta visión. La banda sonora, el emblemático «Love Is a Battlefield» de Pat Benatar, ya anunciaba un conflicto de emociones. Dell’Acqua bebió directamente de la película «8½» de Federico Fellini, donde la creación artística se enfrenta al bloqueo, pero también de la artista conceptual Sophie Calle y su obsesión por desnudar las emociones ajenas, y de la novela «L’Amore Molesto» de Elena Ferrante, con su exploración del duelo y el retorno a los orígenes. Esta amalgama de referencias —el cine, la literatura, el arte— no se tradujo en una narrativa literal, sino en una atmósfera: la de una mujer que posee una historia interior profunda y que viste, por tanto, con capas de significado.
El resultado es una propuesta que trasciende la pasarela para instalarse en el terreno de un guardarropa inteligente. Dell’Acqua no diseñó para el evento, sino para la vida en su multiplicidad: para la reunión de trabajo y la cena nocturna, para el viaje y el momento íntimo. La clave reside en su declaración de intenciones: un «glamour desenfadado, elegante —y para mujeres adultas—», donde la sofisticación no requiere esfuerzo y la autoexpresión no está sujeta a la edad. Esta colección se erige, en definitiva, como un estudio sobre la identidad en movimiento, vestida con la serenidad de quien ya no necesita pedir permiso para ser compleja.



GIPHY App Key not set. Please check settings