La guerra con Irán transforma la dinámica del sector del calzado

La inestabilidad geopolítica en Oriente Medio está filtrando sus consecuencias económicas hasta el estante de zapatería más cercano. La escalada de precios del petróleo, detonada por las tensiones con Irán, ha puesto en alerta a toda la cadena de suministro del calzado, un sector cuya dependencia de los derivados del crudo es más profunda de lo que el consumidor final percibe.

Según análisis de la Federación de Distribuidores y Minoristas de América (FDRA), al menos 25 insumos directos del proceso productivo del calzado son productos petrolíferos. Desde las espumas de poliuretano termoplástico que amortiguan el paso, hasta el PVC de suelas y tacones, los poliésteres y nailons de los tejidos sintéticos, o los policarbonatos de las piezas rígidas. Esta omnipresencia del plástico derivado del petróleo significa que cualquier encarecimiento sostenido de la materia prima tendrá un reflejo casi inevitable en los costes de fabricación. No obstante, como señalan los expertos, la traslación a los precios finales no es ni automática ni uniforme.

El principal foco de impacto inmediato no está tanto en la materia prima en sí, sino en la logística. Los costes de flete marítimo ya incorporan recargos por combustible que oscilan entre 275 y 375 dólares por contenedor. Las grandes corporaciones, con contratos plurianuales con navieras, amortiguan mejor este golpe, pero el scheduled renueva sus condiciones entre febrero y marzo de cada año. El verdadero dolor para muchas pymes reside en el flete aéreo, cuyo coste se ha disparado un 75% mensual por el alza del queroseno. Para marcas con artículos de temporada alta (Pascua, Semana Santa) o que practican la estrategia «speed-to-market», el sobrecoste puede ser abismal, con recargos puntuales que suman entre 400 y 1.000 dólares.

La presión sobre los precios de los componentes —suelas, plantillas, tejidos— es una realidad que los proveedores de segundo y tercer nivel ya empiezan a trasladar a sus clientes. Los fabricantes y distribuidores consultados por la FDRA coinciden en que sus proveedores están solicitando renegociaciones de precios, rompiendo la dinámica de contención que las marcas habían impuesto para evitar trasladar los aranceles al consumidor. El periodo de observación clave son los próximos dos o tres meses, el tiempo que tardan en agotarse las existencias de componentes adquiridos antes de la crisis.

Los cálculos preliminares apuntan a un incremento del 3% al 7% solo en los insumos básicos del zapato. Este aumento, sumado a la estructura de aranceles vigentes —que gravan el valor FOB (Franco a Bordo) declarado en la frontera— crea un efecto multiplicador. Si sube el coste del componente, sube el precio base del zapato, y sobre ese nuevo precio se calcula el arancel, resultando en un derecho de aduana significativamente mayor. Un cóctel explosivo para los márgenes.

En el frente arancelario, la incertidumbre regulatoria persiste. Mientras un arancel del 15% bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 se mantiene hasta el 24 de julio, la Oficina de Representante Comercial de EE.UU. ha abierto nuevas investigaciones (Sección 301) por capacidad de producción excesiva y trabajo forzado en el extranjero, lo que presagia posibles gravámenes adicionales. Paralelamente, el proceso de reembolso de los aranceles ilegales impuestos bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) avanza con lentitud. De los 53 millones de entradas de importación y 330.000 importadores registrados que pagaron esos gravámenes, solo 21.423 han completado el proceso electrónico para recibir la devolución. La Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) advierte que quienes no finalicen el trámite verán sus reclamaciones rechazadas.

El escenario para el sector es, por tanto, de doble tensión: la presión inflacionaria directa por los insumos y el combustible, y la sombra de una arquitectura arancelaria impredecible. La pregunta que sobrevuela los pasillos de las ferias de moda y las oficinas de compras no es ya si los precios subirán, sino cuánto y cuándo. El consumidor, al final de esta compleja cadena, probablemente empezará a notar la diferencia en el ticket a partir del próximo otoño, cuando los nuevos contratos de suministro y los stock de componentes anteriores se hayan agotado por completo.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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