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LeBlanc busca reunión con el representante comercial de Trump para revisar el CUSMA

La revisión del tratado comercial norteamericano amenaza el ritmo de las cadenas de suministro globales de la moda

Los planes del gobierno estadounidense para revisar el acuerdo comercial trilateral que une a Canadá, Estados Unidos y México –conocido como CUSMA en su versión original– han puesto en alerta a toda la cadena de valor de la industria de la moda en el continente. Fuentes cercanas a las negociaciones indican que el ministro responsable de comercio de Canadá, Dominic LeBlanc, se reunirá en las próximas semanas con su homólogo estadounidense, Jamieson Greer, para abordar las inquietudes que surgen de esta revisión programada. El diálogo, crucial, busca despejar un panorama de incertidumbre que ya afecta la planificación de las colecciones y las estrategias de abastecimiento de las principales firmas textiles.

La preocupación no es abstracta. Durante la última semana, el representante comercial estadounidense ha señalado públicamente la existencia de «barreras» en el comercio bilateral con Canadá, un lenguaje que los analistas interpretan como una posible amenaza de imponer aranceles unilaterales o de重新 negociar los términos del pacto. Esta retórica coincide con declaraciones previas del expresidente Donald Trump –quien aún ejerce una influencia decisiva en la política comercial– sobre la posibilidad de abandonar el acuerdo y priorizar pactos bilaterales separados. Para un sector como el de la moda, cuya producción depende de redes logísticas integradas a través de las tres naciones, la fragmentación de este marco normativo sería un golpe severo.

El delicado equilibrio de la producción textil continental

La relevancia de este tratado para la moda va más allá de los aranceles sobre productos terminados. El capítulo de reglas de origen del CUSMA exige que una parte significativa de las prendas se fabrique en la región para acceder a tarifas cero, un incentivo clave que ha fomentado la reubicación de fábricas desde Asia hacia México y el sureste de EE.UU. Una ruptura o un endurecimiento de estas reglas pondría en jaque ese modelo, obligando a las marcas a reevaluar sus inversiones y a absorber costos impredecibles.

LeBlanc, que lidera esta semana una importante misión comercial a México, enfatiza que Ottawa y Ciudad de México comparten una visión común: un acuerdo trilateral sólido es la vía más eficiente para garantizar la competitividad de Norteamérica frente a otras regiones manufactureras. Según explicó, aunque Canadá y México tienen dinámicas comerciales distintas con su vecino del sur, existen «numerosos ámbitos de convergencia» en materia de estándares laborales, ambientales y de propiedad intelectual que deben preservarse. La industria de la moda, con su compleja mezcla de producción intensiva y diseño de alto valor, depende de esa armonización regulatoria.

Impacto concreto para diseñadores y consumidores

Para los diseñadores y las pymes del sector, la inestabilidad generada tiene un nombre concreto: riesgo operativo. «Planificar la producción con seis o doce meses de antelación es fundamental», señala un consultor logístico especializado en moda. «Si las reglas del juego pueden cambiar de la noche a la mañana, los costos de capital se disparan y muchas opciones de abastecimiento se vuelven inviables». Esto podría traducirse en precios más altos para el consumidor final y en una mayor dependencia de las importaciones de regiones con menores costos pero también con mayor huella de carbono y menos garantías laborales.

Mientras los negociadores se preparan para la mesa de diálogo, el sector mantiene una expectante vigilancia. El futuro de la prêt-à-porter continental, desde las fábricas de algodón en México hasta los talleres de confección en Montreal o Los Ángeles, podría estar Determining por el resultado de estas conversaciones que, en apariencia, pertenecen a la alta diplomacia comercial, pero que terminan por definir lo que se verá en las pasarelas y en las tiendas de toda Latinoamérica la próxima temporada. La moda, al final, también es geopolítica.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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