París se prepara para una revolución en bienestar con la apertura de Sant Roch, un espacio que propone summum de la experiencia sensorial mediante la terapia de contraste.
En el corazón de París, a pocos pasos de los Jardines de las Tullerías, una propuesta sin precedentes en el territorio francés está a punto de transformar el panorama del wellness urbano. El próximo 2 de marzo abrirá sus puertas Sant Roch, un recinto de dos niveles y más de 200 metros cuadrados dedicado en exclusiva a la terapia de contraste, una técnica que alterna la exposición al calor extremo y al frío intenso para obtener beneficios físicos y mentales. Su seña de identidad más palpable es la que presume de ser la sauna más grande de Francia, con una superficie que ronda los 60 metros cuadrados y capacidad para cerca de 40 personas.
La génesis de este ambicioso proyecto reside en Chloé y Jules Bouscatel, matrimonio y socios fundadores, quienes ya cuentan con una dilatada trayectoria en el sector del fitness y el estilo de vida a través de Monday Sports Club, red que gestiona más de una veintena de estudios en la capital gala bajo marcas como Dynamo Cycling o Punch. Su salto al universo del bienestar holístico nació de una búsqueda personal. “Al investigar métodos para regular el estrés, descubrimos los efectos asombrosos de la terapia de contraste en nuestro propio cuerpo”, confiesa Chloé Bouscatel. Esa revelación particular se convirtió en una vocación empresarial: “Nuestro trabajo consiste en crear experiencias, marcas y comunidades. Sant Roch es la materialización de esa filosofía”.
El diseño del espacio, obra del estudio Futurestudio bajo la dirección artística de Olivier Léone, teje una narrativa que evoca los antiguos baños romanos de Lutetia, la parisina antigua, pero con una estética contemporánea y serena. La entrada en el nivel superior ya marca el tono: un vestíbulo con una fuente de piedra y solería de terracota, donde los vestuarios femeninos conservan suelos originales de los años 30 con patrones en amarillo y blanco, un guiño al hotel que ocupó el solar. “El objetivo es que la persona entre en una atmósfera de seguridad y confidencialidad, donde pueda estar completamente a gusto”, explica Bouscatel. “Queremos que Sant Roch se integre en su rutina semanal, que no sea una excepción”. Los armarios de madera y la iluminación tenue completan una escenografía pensada para la desconexión.
La experiencia propiamente dicha se despliega en la planta baja, un amplio espacio social con bancos de cuero texturizado donde los usuarios pueden socializar antes o después de los ciclos de calor y frío. Junto a la monumental sauna de forma serpentina, se ubican cinco pilas de inmersión rectangulares de acero inoxidable, con temperaturas que oscilan entre los 3 y los 8 grados Celsius (aproximadamente 37 a 46 grados Fahrenheit), diseñadas para provocar un choque térmico vigorizante. El personal, formado en el “método Sant Roch”, no solo supervisa la seguridad, sino que dinamiza la sesión con performances que incluyen el movimiento de toallas para elevar el calor en la sauna o el lanzamiento de bolas de nieve aromatizadas sobre las piedras calientes. A esto se suman playlists de música inmersiva y una iluminación que cambia para crear un entorno multisensorial. “Es una experiencia que te coloca en un estado similar al de una ligera embriaguez, pero sin alcohol”, describe Bouscatel. “Esa sensación es perfecta para fomentar la socialización y eventos en torno a ella”.
Los visitantes pueden optar por sesiones autoguiadas o por clases grupales, de tres a cuatro diarias, dirigidas por practicantes que guían procesos que incorporan respiración consciente, inmersión sonora, meditación, automasaje con gua sha y movimiento embodiment. La oferta se completa con una programación de eventos sociales que busca consolidar una comunidad alrededor del bienestar ritualizado.
El acceso, a partir del 2 de marzo, será diario de 8 de la mañana a 10 de la noche. La tarifa para una sesión individual de 75 minutos es de 45 euros. También se ofrecen bonos de múltiples entradas y membresías, desde un acceso al mes hasta el ilimitado por 180 euros mensuales. Los fundadores proyectan una facturación de 2 millones de euros en el primer año de operaciones, tras captar 1,5 millones de euros de más de 70 inversores. La ambición, sin embargo, trasciende las fronteras parisinas: “Queremos expandirnos muy rápidamente a nivel internacional”, afirma Chloé Bouscatel. El objetivo声明 es establecer una decena de ubicaciones en las principales ciudades europeas antes de 2030.
Sant Roch no se presenta como un spa ocasional, sino como un club comunitario y un ritual moderno. Su apuesta por la terapia de contraste, hasta ahora ausente en el panorama francés, junto a su meticulosa puesta en escena, la convierten en un referente a seguir en la evolución del sector wellness hacia experiencias más profundas, sociales y arraigadas en la rutina diaria. Su éxito marcará, sin duda, el ritmo de una tendencia que promete cruzar los Pirineos.



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