Netflix apuesta por la secuela de ‘City Hunter’ con el regreso de Ryohei Suzuki y un enfoque en la estética urbana de los ochenta
La plataforma de streaming Netflix ha confirmado la producción de City Hunter 2, la continuación de su exitosa adaptación en imagen real del clásico manga de Tsukasa Hojo, con un estreno global previsto para 2027. La noticia, que ya genera expectación entre los aficionados, también abre un interesante debate sobre la vigencia del estilo visual que definió a su protagonista, Ryo Saeba, y su potencial influencia en las tendencias actuales.
Ryohei Suzuki retomará el papel del icónico “barrendero” o “sweeper”, un personaje que se ha convertido en un referente de la moda urbana japonesa de los años 80. Su look —compuesto por camisetas ajustadas, chaquetas de cuero, pantalones de corte recto y la inconfundible gabardina beige— no solo era funcional para su oficio de justiciero en las calles de Shinjuku, sino que definió una estética “cool yet goofy” (a la vez cool y ridícula) que ha trascendido el medio. Este regreso permite analizar cómo esos códigos estéticos pueden ser reinterpretados para el público contemporáneo.
Junto a Suzuki, regresan Misato Morita como Kaori Makimura, su inseparable compañera, y Fumino Kimura como la detective Saeko Nogami. Keiichiro Shiraki, director de la primera entrega, repetirá al mando, contando con un guión de Junpei Yamaoka. El equipo sostiene que esta secuela explorará de manera más profunda el universo creado por Hojo, alejándose del origen de la relación entre Ryo y Kaori mostrado en 2024, para adentrarse en las mías más clásicas y definitorias de la serie.
El impacto de la primera película fue notable: debutó en el número uno de la lista global de películas no inglesas de Netflix y se coló entre las diez primeras en 32 países, desde Japón hasta Brasil. Este fenómeno no solo refleja el alcance internacional del manga —con más de 50 millones de copias vendidas desde 1985—, sino que también reactivó las ventas del cómic original, demostrando el poder de una adaptación fiel como catalizador cultural.
Desde la perspectiva del estilo, la figura de Ryo Saeba ofrece un estudio sociológico interesante. Su indumentaria, práctica para el combate y la huida, combinaba una masculinidad exuberante con un toque almost bufonesco que la hacía única. En una era donde la moda recupera constantemente los ochenta, su imagen podría inspirar colecciones que fusionen la funcionalidad del streetwear con la actitud desenfadada de aquella década. Gafas de sol oversize, cortes de pelo con mucho volumen y la layering — superposición de prendas— son elementos que diseñadores podrían revisitar.
El propio Tsukasa Hojo, tras visitar el rodaje, elogió latransformación física de Suzuki y la pasión del equipo: “He visto una dedicación formidable. No tengo duda de que será una obra de arte llena de esa energía”. Por su parte, el actor ha declarado sentir “la responsabilidad de honrar el material original” y ha destacado que esta entrega busca ser “la versión más quintesencial de City Hunter”.
Shiraki, el director, reconoce el desafío: “Adaptar una obra legendaria sin perder su esencia en la era Reiwa es como intentar enhebrar una aguja”. Para lograrlo, dice, el equipo mantiene reuniones diarias en cafeterías de Tokio, trabajando con “un amor puro por el original”. Este proceso artesanal, en un entorno de producción global, subraya un contraste entre la escala de Netflix y el cuidado por los detalles que caracteriza al manga.
El proyecto también tiene implicaciones económicas locales. La primera película impulsó el turismo en Kobe al usar escenarios de patrimonio industrial, un modelo que podría replicarse en esta secuela. Netflix Japón, a través de su director de contenido en imagen real, Shinichi Takahashi, ha expresado su “enorme entusiasmo” por esta primera secuela de una película japonesa en la plataforma, prometiendo “una experiencia de entretenimiento exultante” para viejos y nuevos fans.
En resumen, City Hunter 2 llega como un puente entre generaciones. Más allá de ser una simple continuación cinematográfica, su potencial reside en cómo reinventa un icono visual nacido en los 80 para una audiencia global. La clave estará en equilibrar la fidelidad al espíritu de Hojo —ese humor picante, la acción trepidante y la estética reconocible— con las narrativas y sensibilidades del siglo XXI. Si su predecesora demostró que el manga puede conquistar el mundo en imagen real, esta secuela tiene la oportunidad de demostrar que su estilo, tan ligado a una época, puede seguir siendo relevante en el armario de hoy.
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