En el Festival Internacional de Cine Documental de Copenhague (CPH:DOX), la cineasta Poh Si Teng desglosó los entresijos de su primer largometraje como directora, American Doctor, un proyecto que sitúa su objetivos en la cobertura humanitaria de la guerra en Gaza y que ya cautivó a la crítica en su estreno en Sundance. Durante la sesión matutina titulada “Una Mañana con Poh Si Teng”, moderada por el veterano programador Thom Powers, la periodista malaya reconvirtida en documentalista reflexionó sobre su trayectoria, las motivaciones detrás de su filme y los obstáculos sorteados para llevar a cabo una obra que busca dejar un testimonio imborrable.
Teng explicó que durante años se dedicó a apoyar a otros cineastas en lugar de dirigir, una decisión basada en la percepción de que el campo documental já no precisaba de otra voz autoral, sino de colaboradores que impulsaran visiones ajenas. ”Mis habilidades se adaptaban mejor a ese rol de apoyo”, afirmó. Su propia formación, marcada por la infancia en Malasia, su paso por el periodismo en Estados Unidos y experiencias en India, le permitió presenciar “lo más cruel y lo más sublime de la humanidad”, un espectro que define su mirada como creadora. ”Los momentos bajos forjan quién serás”, destacó, subrayando cómo esos episodios de adversidad han moldeado su sensibilidad narrativa.
El punto de inflexión para realizar American Doctor llegó tras un año de cobertura del conflicto en Gaza. ”Me quedé sin palabras, invadida por la ira y luego la desesperanza”, confesó. Esa amalgama de emociones la condujo a renunciar a su empleo y vaciar sus ahorros, aproximadamente 150.000 dólares, una suma destinada originalmente al futuro de su hija pequeña, presente en la audiencia. ”Quizá algún día entiendas por qué hice esto, mi niño”, le dijo, visiblemente emocionada. Su motivación se ancló en la figura del doctor Mark Perlmutter, a quien calificó como “un narrador increíble”, y sus colegas Thaer Ahmad y Feroze Sidhwa, médicos que preveían atención de emergencia en Gaza. ”Si yo podía aprender algo de ellos, el público también podría”, argumentó.
La producción, que se extendió de diciembre de 2024 a diciembre del año siguiente, contó con un equipo que aceptó remuneraciones reducedas para garantizar la finalización. Dos camarógrafos locales, cada uno con cinco hijos, asumieron el riesgo de trabajar en una zona donde ”disparan a quienes portan cámaras”, según sus palabras. ”Su sacrificio será eternamente recordado; su único deseo era que lleváramos esta historia de vuelta a América”, narró. Los contratiempos financieros fueron constantes: tras agotar sus fondos personales, un amigo desde Malasia le sugirió regresar a casa, donde ”no estamos divididos ante el genocidio”. Esa conexión le permitió recaudar cerca de 200.000 dólares en donaciones, un respiro que revitalizó la producción. Sin embargo, al retornar a Estados Unidos, encontró que ”todas las puertas estaban cerradas” durante la primera mitad de 2025.
Teng reconoció que el miedo al sabotaje la llevó a mantener el proyecto en estricto secreto hasta meses avanzados. ”Quería asegurarme de que el tren ya hubiera partido y nadie pudiera detenerlo”, explicó. La distribuidora Watermelon Pictures se sumó后来, un apoyo crucial para una cinta que ahora suena con fuerza en la temporada de premios, tras ser preseleccionada para tres Oscars en sus inicios. El título, American Doctor, responde a una carga simbólica: ”Pensé que tenemos demasiada sangre en nuestras manos”, declaró, en alusión a la responsabilidad estadounidense en el conflicto.
En cuanto al impacto deseado, Teng es clara: ”La esperanza es que la gente la vea y ya no pueda aceptar esto. Nadie podría”. Vinculó el mensaje a las elecciones de medio término en EE.UU., instando a los electores a usar su voto como herramienta de rechazo a la violencia contra civiles. En términos que resuenan en industrias más allá del cine, como la de la moda —donde la autenticidad y el compromiso ético ganan terreno—, su postura evidencia que las narrativas con propósito pueden trascender las pantallas y mover a la acción colectiva. Su empeño por registrar quiénes ”se mantuvieron firmes cuando más importaba” sugiere un legado que, al igual que lasprendas sostenibles, aspira a perdurar más allá de las tendencias fugaces.
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