Los secretos para superar una ruptura con dependencia emocional.

En los últimos días, la noticia de la separación entre Jennifer López y Ben Affleck ha acaparado titulares en todo el mundo. Esta pareja, que parecía haber encontrado el amor en una segunda oportunidad, ha decidido seguir caminos separados. Aunque no conocemos los detalles íntimos de su relación, es inevitable preguntarse cómo estarán lidiando con su ruptura, más allá de las apariencias: ¿se echarán de menos?, ¿mantendrán cierta cercanía o habrán optado por el contacto cero? Lo que sí sabemos es que, independientemente de cómo estén manejando ellos su situación actual, un divorcio nunca es fácil, y lo es aún menos cuando hay dependencia emocional de por medio.

Las relaciones de pareja, cuando son sanas y equilibradas, son una fuente inequívoca de felicidad en nuestras vidas. Sin embargo, cuando llegan a su fin, especialmente si hemos desarrollado un fuerte apego o dependencia emocional, el proceso de separación puede convertirse en un proceso difícil de aceptar. Pero, ¿cómo se forma la dependencia? ¿Es algo que podemos trabajar para superar y que no condicione nuestras vidas?

Las relaciones humanas siempre implican algún grado de interdependencia, donde ambos miembros de la pareja comparten y enriquecen mutuamente sus vidas. Sin embargo, cuando esta se convierte en una necesidad que requiere de constante atención, aprobación y afecto por parte de la pareja, estamos ante lo que se conoce como dependencia emocional. Según los expertos, esta dependencia se caracteriza por un desequilibrio en la relación, donde uno de los miembros subordina su bienestar y decisiones a la otra persona, lo que conduce a una baja autoestima, ansiedad y miedo constante a la pérdida.

Por su parte, Pilar Conde, directora técnica de Clínicas Origen, nos explica que esta dependencia emocional puede surgir desde la infancia, influida por la forma en que desarrollamos nuestras relaciones afectivas. No obstante, no tiene por qué persistir en la vida adulta.

Tratar la dependencia emocional es una de las demandas más comunes en las consultas terapéuticas, dado su impacto directo en la autoestima y en la forma en que se establecen relaciones en la adultez. El tratamiento de la dependencia emocional puede abordarse de manera individual o con ayuda, aunque en muchos casos, el apoyo profesional es esencial.

El siguiente paso es fortalecer la autoestima. Es importante que la persona dependiente aprenda a valorar su propia valía, logros y esfuerzos sin depender de la validación externa. Hablarse con amabilidad, practicar la autocompasión y dedicar tiempo a hobbies y actividades que le interesen son estrategias que pueden ayudar en esta etapa.

Tomar decisiones de manera independiente también contribuye significativamente al fortalecimiento de la autoestima, al igual que expresar libremente las propias opiniones. Ambos aspectos son fundamentales dentro de una comunicación asertiva, sin miedo al rechazo o a la crítica de los demás.

Además, Pilar Conde recomienda hacer un esfuerzo consciente para cambiar patrones de comportamiento tóxicos y recuperar aquellas actividades y relaciones que se hayan dejado de lado, ya sea por priorizar a la pareja o por complacer a otros miembros de la familia. En este sentido, Pilar Conde recuerda la importancia de establecer límites claros para alcanzar el respeto y el equilibrio en las relaciones con los demás y en el entorno personal.

Superar una ruptura cuando hay dependencia emocional no es una tarea fácil, pero es posible. La psicóloga Silvia Congost, experta en relaciones y autora del libro ‘Diario de una ruptura’, nos recuerda que la vida, al igual que un viaje, tiene un principio y un final en cada etapa. El proceso de recuperación tras una ruptura es un camino que debemos transitar solos, avanzando lentamente y sin mirar atrás.

Congost nos guía a través de las etapas del duelo, subrayando la importancia de aprender a soltar y decir adiós. Una montaña rusa emocional. La aceptación de la ruptura se hace aún más compleja y dolorosa cuando la pareja lo hace a medias, a escondidas, sin decirlo claramente. Seguir adelante. Cuando uno se ve obligado a enfrentarse a una ruptura amorosa que no desea, lo apetecible es caer en el victimismo. Abandonarse. Pero para sanar hay que esforzarse. Actividades en solitud. En situaciones de dolor es necesario que nos demos cuenta de esos detalles que a nivel emocional nos indican qué sí y qué no debemos hacer. El deporte es «el mejor» antidepresivo que existe. Decir adiós. Como seguiremos fantaseando con volver con la persona a la que aún amamos, tener contacto con ella en general no ayuda. Debemos pedirle el contacto cero.

Algo ha empezado a cambiar. Estamos en el inicio del cambio: relativización de nuestro drama; cuidarnos, mimarnos y mirar de frente, enfocándonos hacia la nueva etapa de nuestra vida. Dolor no es sinónimo de retroceso. Podemos considerar ese dolor como un paso atrás, pero no lo es. Forma parte del camino. Tan sólo un capítulo más. Eso es la ruptura. Un episodio más de nuestra vida, insignificante, comparado con todo lo que nos rodea. Sal de la cueva y vive. Disfrutarnos. Los cambios que experimentamos a veces nos hacen más atractivos y alguien puede fijarse en nosotros. En vez de darnos tiempo para disfrutar de nuestra propia compañía, analizando lo ocurrido y tratando de aprovecharlo para conocernos más y mejor, ponemos toda la atención en ese otro que nos ha dejado obnubilados. Hay que intentar cambiar esto y querernos y disfrutar más de nosotros mismos.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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