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AMC rechaza proyección de cortometraje de IA tras polémica en redes sociales

AMC retira un cortometraje ganador de un festival de IA tras la controversia generada en redes sociales, un episodio que pone sobre la mesa el debate sobre la creatividad artificial en la cultura visual contemporánea.

Un inesperado terremoto ha sacudido los cimientos de la proyección cinematográfica comercial en Estados Unidos, y su onda expansiva llega a los estudios de diseño y las pasarelas internacionales. La cadena de cines AMC Theatres ha decidido no proyectar el cortometraje animado «Thanksgiving Day», ganador del primer Frame Forward AI Animated Film Festival, después de que una intensa discusión en plataformas digitales cuestionara la idoneidad de contenido generado íntegramente con inteligencia artificial en la pantalla grande. La decisión, comunicada de forma tajante, subraya las tensiones entre la innovación tecnológica y las tradiciones de la industria del entretenimiento, un frente que también impacta directamente en la evolución de la estética y la producción en sectores como la moda.

La génesis del conflicto se sitúa en el festival, que premió la obra del cineasta kazajo Igor Alferov. El galardón incluía, como parte del paquete, una distribución nacional de dos semanas en salas de cine a través de Screenvision Media, la empresa proveedora de los contenidos previos a la proyección en numerosas cadenas, incluida AMC. Cuando la noticia trascendió a redes, un sector significativo de la audiencia y profesionalescriticó duramente lo que percibieron como un respaldo institucional a una herramienta que, para muchos, socava la esencia del arte y el trabajo artesanal. La presión fue tal que AMC emitió un comunicado desmarcándose por completo: «AMC no participó en la creación del contenido ni en la iniciativa», afirmó, confirmando que sus ubicaciones no exhibirán el corto.

La obra en cuestión, que no había sido programada directamente por los exhibidores sino por un tercero, presenta una narrativa surrealista sobre un oso y su asistente ornitorrinco viajando por la galaxia en una nave con forma de contenedor de basura, enfrentándose a policías espaciales corruptos y un peculiar servicio de reparto de comida. Su estética, deliberadamente peculiar, ha sido señalada por analistas como un ejemplo del «estilo IA»: composiciones vibrantes pero a veces desconcertantes, una mezcla de referencias pop y un look que, para el ojo entrenado, muestra las huellas de los modelos generativos. Alferov utilizó herramientas como Gemini 3.1 y Nano Banana Pro, y según declaraciones recogidas por medios especializados, representantes de Modern Uprising Studios alabaron la cinta como «una masterclass en narrativa original» que demuestra cómo «la imaginación atrevida con las herramientas de IA complementa el futuro del cine animado».

Este caso no es aislado. Cortometrajes creados con IA ya han tenido presencia en salas de cine, como una selección del festival de Runway que se proyectó en cines IMAX. Sin embargo, lo que diferenciaba este proyecto era su aspiración a una distribución comercial masiva y convencional, lo que lo habría convertido en un precedente significativo. El amago de AMC ha frenado, al menos de momento, ese avance. Para el sector de la moda y el diseño, donde la IA ya se emplea en la generación de estampados, prototipado virtual de prendas y campañas de imágenes sintéticas, el episodio actúa como un espejo. Refleja el recelo de un público que valora la autoría humana y la artesanía, y plantea preguntas cruciales: ¿hasta qué punto una estética generada algorítmicamente puede considerarse innovación o es solo un sustituto de bajo coste? ¿Cómo se comunican los valores de «hecho a mano» o «diseño exclusivo» cuando las herramientas de creación son iguales para todos?

El retroceso de AMC, impulsado por el descontento del consumidor, sugiere que la integración de la IA en espacios culturales consagrados no será una conquista pacífica. Para creadores y casas de moda, el mensaje es claro: la transparencia sobre el uso de estas tecnologías y la preservación de un sello de identidad y calidad humano serán argumentos cada vez más decisivos en el mercado. Mientras la tecnología avanza a pasos agigantados, el debate sobre el «alma» de la creación y su valor percibido por la audiencia se intensifica, demostrando que, más allá de los algoritmos, las emociones y las tradiciones siguen siendo el termómetro definitivo de la aceptación cultural.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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