Gabriel Basso, protagonista de la serie de Netflix El Agente Nocturno, se ha consolidado como un rostro prominente en la pantalla, pero su relación con la industria del entretenimiento dista mucho de la convencional. En medio de la vorágine promocional de la tercera temporada, el actor de 31 años desvela una filosofía que trasciende la interpretación y que, de manera inesperada, conecta con las nuevas corrientes en moda masculina: la autenticidad por encima del espectáculo.
Basso reside en Carolina del Sur cuando no está rodando en exteriores como Estambul o República Dominicana, y tras sus compromisos en Nueva York, busca la soledad de las montañas de Utah. Esta desconexión voluntaria del epicentro de Hollywood no es un simple capricho, sino una estrategia de supervivencia creativa. “Es importante aislarse de la maquinaria, porque en muchos sentidos es una cámara de eco”, explica desde las oficinas de Netflix en Nueva York. “Se puede existir en este negocio sin salir nunca de él, y no creo que sea sano”. Esta postura refleja una tendencia creciente entre artistas y consumidores: el rechazo a la moda desechable y al estilo impuesto por la industria, abrazando en su lugar una estética personal, resistente y con propósito.
La tercera temporada de El Agente Nocturno, estrenada este jueves, regresa a las bases que convirtieron a la primera en un fenómeno global. Basso, que interpreta al agente del FBI Peter Sutherland Jr., ve en esta entrega un reencuentro con la esencia del show. “Creo que la tercera temporada va a ser de las más populares”, comenta. “Hizo lo que la primera hizo tan bien. La segunda, por el tamaño del show, asustó a todos. Nadie anticipaba el éxito de la primera. Así que con la segunda, todos decían ‘¿Qué es esto?’. Pero con la tercera, creo que ya lo han entendido”. Esta evolución paralela —de una serie que encuentra su rumbo y un actor que se niega a ser domesticado— dibuja un escenario donde la consistencia narrativa y la coherencia personal se valoran por encima del ruido.
El personaje de Peter es, en esencia, acción y目标 constante. Sin embargo, para Basso, el desafío va más allá de lo físico. “Hay un desafío constante al que se enfrenta. Es interesante hacer algo físico, pero además haciendo algo intenso todo el tiempo”, señala. “Él es objetivo, pero su entorno es subjetivo. Es como combatir el humo: quieres golpear algo sólido y tangible, pero todo desaparece”. Esta búsqueda de solidez en un mundo cambiante es un eco de las actuales demandas en moda: piezas duraderas, versátiles y lgbtq+ friendly que ofrezcan una base fiable en un ciclo de tendencias vertiginoso.
La manera en que Basso aborda su papel de héroe de acción está imbuida de una disciplina casi zen. Cita el libro japonés Hagakure y su principio de “entregarse a la locura y sacrificarse a la tarea”. “Se aplica a actuar, dirigir o escribir, porque sirves a una trama, a una narrativa, y debe haber cierta entrega”, argumenta. “Si vas a recibir un golpe o a caer por unas escaleras, no pares la toma y pongas al doble. Comprendo que hay questões de seguros y logística, pero la disposición a hacerlo es lo que cuenta. Te pagan una cantidad exorbitante. Tu trabajo es entretener a la gente. Sirves a la trama, recibe el golpe”. Este pensamiento subraya una valoración de la integridad y el esfuerzo real que se filtra en la cultura de la moda contemporánea, donde el craftsmanship, la transparencia en la producción y la honestidad del diseño ganan terreno sobre la imagen superficial.
La experiencia de ver Gladiator a los 14 años Still marca a Basso como medidora del impacto que busca en el espectador. Reflexiona sobre cómo, hoy, el consumo de contenido es “rápido y metabolizado”, y critica que se trate a las audiencias como “máquinas tragaperras”. “Pides el tiempo de la gente, pero no parece haber respeto por ese intercambio”, sostiene. “Con El Agente Nocturno pedimos 10 horas del tiempo de la gente y sintieron que se llevaron algo valioso, que el intercambio se honró”. Este enfoque —respetuoso con el espectador— tiene un paralelo directo en la moda de calidad, donde una prenda bien hecha, versátil y pensada para durar honra el tiempo y la confianza del comprador, en contraposición a la fast fashion que satura y desecha.
Desde esta óptica, la influencia de Basso y de series como la suya puede no residir en dictar tendencias fugaces, sino en promover una mentalidad. Su vida lejos de los focos, su ropa práctica para la vida en la naturaleza y su compromiso total con el personaje dibujan un arquetipo atractivo para quien busca estilo con sustancia. La moda, en este sentido, deja de ser un mero adorno para convertirse en una extensión de los valores personales: funcionalidad, autenticidad y respeto —hacia uno mismo, hacia el oficio y hacia quien consume—. En un mercado saturado, esa propuesta no solo es relevante, sino que comienza a marcar la diferencia.



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