Tres voces que redefinen la identidad desde la pasarela londinense
Entre la vorágine de propuestas que desfilarán por la próxima London Fashion Week, el otoño de 2026 promete ser una temporada de narrativas íntimas y declaraciones de intenciones profundas. Más allá de las tendencias textiles, un grupo de diseñadores emergentes, principalmente surgidos de la Central Saint Martins, está utilizando su plataforma para explorar las complejidades de la feminidad, la herencia y la autoaceptación. Sus creaciones no son solo ropa; son manifiestos personales que invitan a una reflexión necesaria.
Petra Fagerström: La presión de la perfección y el movimiento congelado
La finlandesa Petra Fagerström, whose meteórico ascenso —premio L’Oréal en la Central Saint Martins, Challenge the Fabric Award en Milán y semifinalista del LVMH Prize— la sitúa en el epicentro de la atención, está transformando esa misma presión en materia creativa. Su colección para el otoño de 2026 nace de una reflexión sobre la figura de la madre obsesiva en el mundo del patinaje artístico, esa que carga con la memoria de sus propios logros no alcanzados y proyecta una ambición onto su descendencia.
Lejos de una caricatura, Fagerström busca una representación matizada, cargada de una dualidad entre empuje y melancolía. Este concepto se materializa en su técnica más reconocida: las estampas ópticas trompe l’œil que, aplicadas sobre plisados, crean un efecto de movimiento borroso y constante, una ilusión que evoca la ráfaga visual de girar a alta velocidad sobre el hielo. La paleta se adorna con lentejuelas que aluden al brillo de las olimpiadas, mientras que la sastrería precisaDialoga con el uniforme de poder de los entrenadores y padres en las gradas. La colección, que incluye piezas doradas en referencia al «niño dorado» de expectativas altísimas, viajará después a Dover Street Market París antes de su presentación final en el marco del LVMH Prize.
Myat: La belleza de lo imperfecto y el viaje del despojo
Para la británico-birmana Erica Myat, la ropa debe evocar la vulnerabilidad cruda de un diario personal, algo íntimo que no debería ser visto. Su propuesta, titulada «Antechamber» (Antecomedor), traza el mapa emocional de una mujer en proceso de autodescubrimiento, desde el rechazo de sí misma hasta la reivindicación final. La narrativa es deliberadamente «desordenada»: abrigos de lana pesada conviven con vestidos de gasa etérea que se superponen a lencería ornamentada, construyendo una dicotomía entre protección y exposición.
El desfile será una pieza de performance en sí mismo. Una modelo permanecerá encerrada en una caja de azúcar glass, un muro frágil y transparente, para romperlo en el clímax del show. Este acto simbólico representa la ruptura con las presiones externas y el abrazo a una identidad auténtica, por «desastrosa» que parezca. Myat confiesa que su musa «nunca estará perfecta»; su estética abraza el «distrés», los tejidos que parecen haber vivido algo. Esta voz auténtica ya ha cautivado a la generación Z y a figuras como la modelos Alex Consani, y para este debut en pasarela ha colaborado con la estilista de culto America Korban, consolidando su estatus como una de las nuevas «it-girls» del diseño de autor.
Lavin Karakoc: La memoria como textil y el reflejo del público
La turco-británica Lavin Karakoc aborda la identidad desde un plano colectivo y performático. Su primera colección en solario toma como eje conceptual la pieza de danza «Café Müller» de Pina Bausch, una meditación sobre la memoria, el deseo y la complejidad de la existencia. Karakoc traduce estas ideas abstractas a través de yuxtaposiciones materiales: shorts informes de algodón mate combinados con tops de punto cubiertos de serigrafías brillantes, o la mezcla de lo vintage reconvertido con piezas traídas directamente del Gran Bazar de Estambul —»tres o cinco kilos de accesorios» que cargan consigo el peso de las historias de sus artesanos.
La herencia familiar se plasma en siluetas largas, estructuradas y de modestia sugerente, donde la sensualidad nace de la comodidad y la cobertura, una reinterpretación personal de la estética de su kultur. Pero la parte más innovadora de su show reside en la interacción. Dos cámaras en vivo filmarán al público, proyectando sus reacciones en las paredes del espacio. «El momento se convierte en memoria», reflexiona Karakoc. «Quiero que el espectador sea consciente de su propia performance». Con esta propuesta, la diseñadora no solo presenta una colección; diseña un ecosistema donde la moda, el espectador y la memoria se funden en una experiencia efímera y profundamente personal.
Un hilo común une a estas creadoras: un entendimiento de la moda como territorio de exploración psicológica. Ya sea a través del movimiento, el despojo o la proyección, sus discursos apuntan hacia una moda de autor más introspectiva y menos dogmática, donde la identidad —lejos de ser una afirmación estática— es un proceso constante, por messy (desordenado) que sea. Sus propuestas para el próximo otoño prometen no solo marcar la pauta estilística, sino también abrir un espacio de diálogo sobre quiénes somos y quiénes elegimos ser bajo la mirada de los demás.



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