El regreso de una de las tendencias capilares más icónicas de los años 2000 ha encontrado en el photocall londinense de la película The Bride su escenario perfecto. Tres de sus protagonistas, Maggie Gyllenhaal, Jessie Buckley y Penélope Cruz, han ejercido una influencia decisiva en la conversación estética de la semana al adoptar, casi de manera simultánea, una versión moderna del bob con flequillo lateral, demostrando que la década pasada está más viva que nunca en el imaginario de la alta costura.
El hotel Corinthia de Londres fue testigo de una exhibición deliberada de este estilismo. Gyllenhaal y Buckley, que en la ficción dan vida a las hermanas Shakespeare, aparecieron tomadas de la mano con cortes casi idénticos, un peinado que alcanza la longitud de la barbilla y se parte en direcciones opuestas. La aparente simetría se rompía en los matices: mientras Gyllenhaal lucía un tono castaño chocolate con una curva suave y cinematográfica que evoca el Hollywood clásico, Buckley optó por una mezcla rubia mantequilla con un textura más desenfadada y picuda, propia del estilo «millennial». Por su parte, Cruz se decantó por una variante más larga, el «lob», con un flequillo lateral que barre hacia un lado, reminiscente de figuras como Hilary Duff en su momento cumbre, y unos reflejos caramelo que integraba a la perfección con el color de sus cejas.
Este debut estilístico en la alfombra roja invita a un análisis sobre la versatilidad del corte. Lejos de ser una réplica exacta, cada actriz lo ha adaptado a su personalidad y al personaje que promociona. La solidez del look radica precisamente en esa capacidad de moldearse: puede adquirir un aire sofisticado y pulido como en el caso de Gyllenhaal, o un espíritu rockero y despreocupado como en Buckley. Cruz, siempre maestra en la elegancia calculada, lo alarga y lo dulcifica, probando que el largo no restringe su impacto.
El maquillaje, por su parte, ha seguido una línea de contraste deliberado con el cabello. Mientras los ojos y la piel mantuvieron una naturalidad que no competía con el peinado, los labios se tiñeron de notas profundas y vináticas, una interpretación moderna del «labio nube» o «cloud lip». Esta elección cromática, que se aleja radicalmente de los tonos rosáceos mates y empolvados que han dominado las últimas apariciones de Buckley —conocida por su colaboración con la maquilladora Nina Park— añade un toque gótico-romántico que completa la narrativa visual del regreso a los 2000. Se confirma así una preferencia por la paleta otoñal y oscura en el labial, un detalle que casa con la estética revivalista pero que se siente fresco y contemporáneo.
Aunque no hay confirmación oficial de los equipos de estilismo tras estos looks, el contraste con trabajos previos de las mismas artistas es notable. La atención al detalle en la colorimetría capilar, la precisión en el corte y la coordinación general del peinado con el maquillaje apuntan a una curaduría profesional muy específica para este evento. Este photocall no solo promociona una película; se erige como minitribuna de tendencias, donde tres pesos pesados del cine internacional reivindican, cada una a su manera, un corte de pelo que ya no es una simple moda pasajera, sino un clásico reactualizado con voluntad de permanencia. La lección es clara: el bob con flequillo lateral ha dejado de ser un guiño nostálgico para convertirse en un statement de estilo sólido y adaptable.



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