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Otoño 2026 redefine la moda con colecciones ready to wear en pasarela

La pasarela de Moschino para la temporada otoño 2026 presentó una colección que se erige como un tributo personal del director creativo Adrian Appiolaza a sus raíces argentinas. Entre las piezas más comentadas, una camiseta con una imagen pixelada de Eva Perón y un bolso de cuero repleto de churros cubiertos de chocolate dejaron clara esta inspiración territorial.

Este fenómeno de llenar los desfiles de personajes variopintos no es exclusivo de Moschino; se replica en otras propuestas, como el debut de Demna al frente de Gucci, donde también desfilaron arquetipos que iban desde jóvenes de clubs nocturnos hasta figuras más convencionales.

Appiolaza diseñó su colección pensando en un espectro amplio de identidades: desde mujeres de la alta sociedad hasta una conductora de autobús con su dispensador de billetes vintage, aficionados al fútbol, gauchos y parejas de tango. Motivos como el filete porteño, estilo ornamental habitual en transporte público y viviendas argentinas, se integraron en un vestido de baile acampanado, dialogando con el lenguaje reconocible de la casa.

Aunque Moschino es percibida como una marca tan italiana como la pizza o la pasta, Appiolaza subrayó que su fundador, Franco Moschino, practicaba un diseño de «código abierto», bebiendo de inspiraciones insospechadas. La influencia española, por ejemplo, provenía del novio del fundador, lo que explica la presencia de lunares y guiños al flamenco en el acervo de la marca.

El diseñador incluso estableció un vínculo entre el personaje de cómic predilecto de Franco Moschino, Olive Oyl, y Mafalda, creación del argentino Quino. Según consta en el sitio web oficial del legado de Quino, Mafalda es una niña inconformista, preocupada por la paz y los derechos humanos, que detesta la sopa y es fanática de The Beatles.

En una preview, Appiolaza afirmó: «No considero que Moschino deba asociarse necesariamente a una cultura o a un grupo específico. Franco le otorgó a la marca la libertad de ser creativa sin restricciones. Cuando algo te apasiona, simplemente exprésalo».

Como carta de amor a Argentina, el desfile de otoño resultó espléndido, pero como colección unitaria, careció de la cohesión necesaria para trascender como propuesta integral.

El cierre estuvo protagonizado por una modelo convertida en banquera, cuyos tacones adornados con billetes de euro de tela y una alcancía de cuero colgando de su brazo evocaron los artículos virales anteriores de Moschino, como los bolsos con formas de apio o espagueti. «Quería transmitir que, en el fondo, la moda gira en torno al dinero», explicó Appiolaza sobre esta pieza final.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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