En París, la vanguardia de la moda se escribe con materiales inesperados
En el corazón de París, durante la semana de la moda, el espacio expositivo del premio LVMH se transformó en un laboratorio de experimentación material. En la azotea acristalada del emblemático almacén La Samaritaine, bajo un mural modernista de un pavo real, veinte diseñadores emergentes presentaron sus propuestas. Lejos de los textiles convencionales, sus creaciones dialogaban con objetos cotidianos recontextualizados: racimos de plástico imitando uvas, pantallas de televisión desvencijadas, tuberías victorianas rescatadas del Támesis o cintas de cobre de fontanería conformaban prendas que desdibujaban los límites entre arte y vestimenta.
La actriz Anya Taylor-Joy, embajadora de esta edición, recorría la muestra con mirada atenta. “Lo que más me impacta es la ingeniosidad, pero también esa conexión con las raíces o con mundos que trascienden lo tangible”, reflexionaba la intérprete, ataviada con un chaquetón asimétrico de jacquard colorido recién salido del desfile de Dior. “Hay un hilo común que teje el pasado con lo que está por venir. Muchos diseñadores hablan de ese mundo anterior a que algo exista, y parece que intentan unir ambos planos”. Taylor-Joy, con estrenos cinematográficos próximos, confesó que ya tenía en su radar a varios participantes. “Es imposible elegir favoritos, pero voy a contactar a unos cuantos”.
Detrás de esta plataforma que busca al próximo talento, Delphine Arnault, directora de Christian Dior Alta Costura y artífice del premio, observa con satisfacción la evolución del certamen. “Cada año el nivel crece”, afirmaba, señalando que varios de los presentes ya han trabajado en casas de lujo de renombre. Entre ellos, Gabriel Figueiredo, fundador de De Pino, que compagina suelier con Dior; Harry Pontefract, director artístico de Ponte, que colabora con Glenn Martens en Margiela; o Luke Derrick, con pasado en Dunhill, Brioni y Alexander McQueen. “Hay menos moda sin género y menos sportswear”, detallaba Arnault. “Hay un regreso a los materiales nobles, a los cortes impecables, a la artesanía pura. Muchas piezas son hechas a mano”.
La velada de cóctel reunió a un público influyente: desde Pharrell Williams, director creativo masculino de Louis Vuitton, hasta Gabriela Hearst, o los directores creativos de Loewe, Jack McCollough y Lazaro Hernandez. “Siempre me entusiasma ver a los jóvenes, porque el futuro es suyo”, declaraba Hearst, quien dedicó palabras de admiración a Daniel del Valle y su top confeccionado con tuberías victorianas extraídas y pulidas una a una del río Támesis. “Esa artesanía es crucial. Es el deber del diseñador de hoy preservar estos oficios. Importa usar las manos”.
Hernandez y McCollough, en la antesala de su segundo desfile al frente de Loewe, lanzaron un mensaje a los noveles: “Hace falta valor. Sigue tu instinto. Tienes que creerlo, porque si no lo haces tú, nadie más lo hará. Nosotros lo tuvimos más fácil, había menos competencia. Ahora el campo está abarrotado”.
Cinco propuestas que redefine(n) la materia
Entre las veinte propuestas, cinco marcas destacan por su audaz exploración material y su compromiso with la técnica.
1. Thevxlley (España)
Daniel del Valle, ex florista, convierte su obsesión botánica en esculturas vivientes. Su pieza central es un busto de cerámica colonizado por orquídeas de diez especies diferentes, que riega periodicamente. “Es como una escultura viva. Lleva más de un año creciendo y cambiando”. Su arsenal incluye un jarrón-busto de porcelana, una camiseta con mosaico de still life o una falda que imita azulejos de baño, fruto de una semana de colaboración con un soplador de vidrio en Barcelona. “Cada pieza es una técnica distinta. No estudié diseño; mi método es ensuciarme las manos hasta lograrlo”.
2. Iamisigo (Nigeria/Kenia)
Bubu Ogisi, tricontinental (nacida en Nigeria, criada en Ghana, radicada en Kenya), concibe los materiales como un lenguaje sin fronteras. “La marca nació de la investigación material bajo ideologías sin límites: cómo lo mismo existe en distintas culturas y se transforma por la memoria ancestral”. Sus creaciones incluyen bolsos de vidrio soplado a mano, anillos hechos con pantallas de TV recicladas, abrigos cubiertos de bagazo (residuo de la caña de azúcar para tequila) o bolsos tejidos con las cinchas de fardos de ropa usada. La pieza que lució Naomi Campbell para la campaña de Victoria’s Secret le tomó varios días de minucioso trabajo manual. “Cuando algo requiere mucho tiempo, lo veo como un proceso meditativo. Calma mi ansiedad”. Su producción está dispersa: sombreros en Sudáfrica, calzado en Nigeria, tejidos en Uganda, Tanzania, Costa de Marfil, Benín y Togo. “Buscamos crear una unisonía a través de la materia, un pedazo de magia”.
3. Ponte (Reino Unido)
Harry Pontefract es un coleccionista obsesivo de objetos encontrados. Junto a Bryan Conway, director de diseño, subvierten la función de lo cotidiano: un vestido de uvas de plástico, una camiseta tipo puff ball o un vestido metálico de cinta de cobre para fontanería. “El material es lo primero. O es tan especial que es increíble y escaso, o es algo omnipresente que nadie valora, y entonces creamos algo con ello”, explica Conway. La relación de ambos con Jonathan Anderson (Pontefract en Loewe, Conway en JW Anderson) moldeó su mirada. El Museo Metropolitano de Arte compró ocho piezas de su última colección. Su distribución es ultraselectiva (seis puntos de venta en el mundo) y apuestan por la venta directa y a coleccionistas para las piezas únicas.
4. Nong Rak (Tailandia)
El matrimonio formado por Teerapat y Cherry W. Rain-Phuangfueang, desde Bangkok, empezó como revendedores de vintage antes de lanzar su propia firma en 2021. Su especialidad es el punto, con piezas coloridas de mohair vintage. “Probamos con mohair moderno y la calidad no es comparable”, admite Cherry. Su primer local en Bangkok, tras años de venta online, cambió su dinámica. “La ropa es emocional, guarda historia y sentimiento. Amamos hablar con los clientes, ver cómo se sienten”. Su divertida filosofía se materializa en jerséis, calcetines y accesorios que ya incluyen colaboraciones como la línea Heaven de Marc Jacobs, y se expanden ahora hacia piezas de corte y confección con seda tailandesa.
5. Kinyan Lam (Hong Kong)
Experto en tintes naturales, Kinyan Lam fundó su sello en 2023 con una misión: preservar técnicas textiles centenarias en peligro de extinción. Junto a la artesana textil Hanna Li, teje una red de artesanos en la provincia china de Guizhou para catalogar métodos y reintegrarlos a las comunidades locales. “Algunos oficios se están perdiendo porque las nuevas generaciones no quieren aprenderlos. Debemos devolverlos al mercado”, argumenta. Su colección más reciente despliega bordado de apliciqué, cadena y el tradicional paño Dong teñido con añil, donde cada pieza rezuma un carácter artesanal e irrepetible. En su declaración de intenciones reza: “Existimos para probar que el verdadero lujo no es un precio, sino un compromiso con la honestidad, el tiempo y el toque humano irreemplazable”.
El evento, que normalmente tiene lugar en la sede de LVMH en la Avenue Montaigne, encontró en La Samaritaine su escenario perfecto este año. “Pertenece al grupo y es absolutamente espectacular”, justificaba Arnault sobre el cambio de ubicación, atribuyéndolo también al buen tiempo primaveral que “trae una energía distinta”. “Quizás en el futuro sigamos rotando de lugar”, insinuó, abriendo la puerta a que esta feria de talentos e innovación material continúe sorprendiendo en emplazamientos inesperados, tal como lo hacen los propios diseños que alberga.



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