La fiebre por Carolyn Bessette Kennedy ha trascendido las pantallas para instalarse en la pasarela. Lo demuestra la presencia destacada de Sarah Pidgeon, la actriz que da vida a la icónica asesora de Calvin Klein en la serie Love Story, en el front row del desfile de Loewe en París. Su aparición no es un mero evento social; es la materialización de un fenómeno cultural que ha reeditado la estética minimalista de los noventa, elevada ahora a objeto de devoción y altísima cotización.
El impacto de la ficción es medible en datos. La serie, que acumula más de 25 millones de horas de visionado en sus primeros cinco episodios, se ha convertido en el limited series más visto de FX en plataformas como Hulu y Disney+. Este revival no es solo televisivo: la semana pasada, un abrigo de Prada perteneciente a la fantasía colectiva sobre CBK se subastó por 192.000 dólares, más del sextuplo de su estimación inicial. Pidgeon, quien tuvo acceso a piezas vintage idénticas a las que llevó la verdadera Carolyn —provenientes de coleccionistas— reflexiona: «No sé si estaba autenticado que lo hubiera usado ella, pero eran las mismas chaquetas de la misma colección. Vestir esas ropas maravillosas ha sido un privilegio».
La intérprete, que cursa su primera gira de prensa europea tras el éxito en Milán con Prada, navega entre el homenaje y la búsqueda de su propia voz estilística. Para la ocasión, viste una chaqueta bomber de cuero marrón y unos jeans de cuero con un efecto de plumas muy característico. «Hay elementos de Carolyn aquí, pero sí, creo que aún la estoy encontrando», admite. Su estilista, Emma Jade Morrison, es la responsable de esta mezcla de referencias que intenta capturar la esencia de la musa sin caer en la réplica.
Mientras el minimalismo sobrio y las siluetas arquitectónicas dominan la colección otoño-invierno 2026 de Loewe presentada por Jack McCollough y Lazaro Hernández, las invitadas interpretan la tendencia a su manera. Sandra Bernhard, quien interpreta a Judy, la vecina de Marty en la oscarizada Marty Supreme, opta por un abrigo de color amarillo pálido en el mismo material aterciopelado que los pantalones de Pidgeon, abandonando el naranja icónico de la película. «Una alternativa era un abrigo naranja, pero este era tan único… Es cuero, y usan alguna herramienta extraña para deshilacharlo. La moda, ya saben, inventa cosas», comenta con su irony característico.
Bernhard, que se dispone a unirse a la cuarta temporada de The White Lotus —esta vez ambientada en Francia— mantiene el misterio sobre su personaje y, por ende, sobre su未来 vestuario. «Todo está bajo llave. Me gusta que se revele. Así tienes algo que esperar. Si todo el mundo conoce el proceso, el resultado no es especialmente gratificante». Su debut en la Semana de la Moda de París, instigado por su hija Schuyler —quien la acompañaba—, contrasta con su imagen habitual en la alfombra roja: un traje negro de Armani. Ahora, colabora con los diseñadores de Loewe para crear un look cómodo para los Oscars, donde su marido, el director de arte Jack Fisk, está nominado por Marty Supreme. «Quiero zapatos cómodos y ropa cómoda para divertirme», sentencia.
El desfile congregó a una constelación diversa que confirma el poder de convocatoria de la casa. Entre los asistentes estuvieron Aubrey Plaza (de la segunda temporada de The White Lotus), la nueva embajadora de Loewe Julia Garner, el rapero Lil Yachty, la modelo y actriz Hari Nef, el actor Lucas Hedges, la estrella del K-pop Giselle y la leyenda Sissy Spacek, quien debutaba en un evento de moda de alta costura parisina a sus 75 años. «Parezco un ciervo en los faros. Me lo pidieron muchas veces, pero estaba criando a mis hijos. Mi hija Schuyler creció y me dijo: ‘Mamá, tienes que hacerlo. Será divertido'», bromeó Spacek, whose presence linked generations of acting royalty.
Lo que se vio en el front row de Loewe es un diálogo entre dos fuerzas: por un lado, la estética depurada, casi ascética, que encarnó Carolyn Bessette Kennedy y que hoy inspira a diseñadores y actrices; por otro, la personalidad arrolladora de figuras como Bernhard o Spacek, que reinterpretan el minimalismo con urgencias propias. Es un termómetro de cómo el legado de los noventa no se copia, se dialoga. Y en ese diálogo, la comodidad y la autenticidad han dejado de ser concesiones para convertirse en el principal lujo. Una lección que, vista desde las butacas de la pasarela, parece haber calado hondo en una nueva generación de celebrities que visten para sí mismas, aunque las miradas de todo el mundo estén puestas sobre ellas.


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