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Café temático de Quebec conmemora su lucha independentista.

En el bullicioso barrio de Saint-Hubert, Montreal, ha abierto sus puertas un establecimiento que desafía la categorization tradicional. No es solo una cafetería; es un manifiesto en forma de espacio. Club Pays —traducido al inglés como «country club»— ha irrumpido en la escena urbana con una propuesta que fusiona la cultura del especiality coffee con un activismo político identitario, creando un punto de encuentro para una generación que revisitita la cuestión de la soberanía de Quebec.

El local, decorado con una estética cálida que combina sofás cómodos, una barra de madera pulida y un pequeño escenario, está cubierto de carteles con lemas independentistas. Esta identidad visual no es decorativa, sino programática. Detrás del proyecto está la Organisations unies pour l’indépendence (Oui Québec), un colectivo que busca transformar el debate soberanista en una experiencia tangible y cotidiana. «Queremos combinar el espíritu de celebración con la pushes por la independencia, porque para nosotros, construir un país es un momento de alegría colectiva», explica Camille Goyette-Gingras, presidenta de la organización, desde una de las mesas del café.

La apertura responde a una estrategia deliberada: humanizar un movimiento que, según sus impulsores, a menudo se presenta de forma abstracta o conflictiva en los medios. «Para algunas personas es la primera vez que conocen a un separatista», señala Goyette-Gingras. «Cuando solo ves las cosas en televisión, es cierto que no tienes la sensación de que te hablen como a un ser humano». El café funciona así como un puente, un espacio de diálogo diseñado para desmitificar la causa y atraer a un público diverso, más allá de los círculos políticos tradicionales.

Esta iniciativa se inscribe en la prolífica tradición montrealesa de cafeterías temáticas —las hay para amantes de los gatos, de la cerámica o de los videojuegos—, pero Club Pays es la primera que apuesta explícitamente por un ideario político como eje neurálgico. Sus responsables subrayan que refleja un entusiasmo por la soberanía que trasciende a cualquier partido concreto, captando especialmente el interés de millennials y de la Generación Z. El proyecto, que llevaba meses funcionando en régimen de préctima para miembros y grupos afines, abrió al público general con una acogida que superó las expectativas. «La gente golpeaba el escaparate, de verdad», relata Goyette-Gingras. «Su curiosidad era sincera y maravillosa, y mantenemos discusiones realmente interesantes».

El modelo no es original en su totalidad. Alex Valiquette, responsable de comunicación de Oui Québec, volvió inspirado de un intercambio estudiantil en España, donde visitó bares y cafés que apoyaban el movimiento independentista catalán. En aquellos espacios, los fondos recaudados ayudaban a financiar otras actividades políticas. «En Quebec, ya somos una sociedad que se mira el modelo cooperativo y de economía social», reflexiona Valiquette. «Pensé: ‘Hay mucho que hacer aquí’». La comparación con el caso catalán es recurrente: líderes políticos como Yves-François Blanchette (Bloque Quebequés) o Ruba Ghazal (Québec solidaire) han viajado a Barcelona, y la Asamblea Nacional de Quebec aprobó en 2019 una moción de apoyo a los independentistas catalanes. Un paralelismo que se remonta a procesos históricos distintos —la autonomía catalana fue abolida por Francisco Franco en 1938— pero que encuentra eco en la diáspora de iniciativas culturales de base.

Sin embargo, las encuestas pintan un panorama complejo. Si bien un sondeo de CROP del verano pasado indicaba que el 56% de los que tienen entre 18 y 34 años se mostraba favorable a la independencia, otros estudios consistentemente reflejan que solo around del 30% de los quebequenses votaría «sí» en un referéndum. Valérie-Anne Mahéo, profesora de Ciencia Política de la Université Laval, matiza: «La mayoría de los quebequenses no están ansiosos por presionar por la soberanía en este momento». No obstante, ve con buenos ojos espacios como Club Pays: «Pueden ser una parte saludable de la democracia, promoviendo el diálogo y contrarrestando la polarización. Hace mucho tiempo que no tenemos un debate adecuado sobre los pros y los contras de la independencia de Quebec. Hay una nueva generación que no vivió los momentos álgidos de las campañas del ‘sí’».

Precisamente en esa «tercera ola soberanista» entre la juventud se centra la esperanza de los activistas. Goyette-Gingras evoca su propio despertar político en las grandes protestas sociales de Quebec, como la de 2012 contra la subida de las matrículas universitarias, donde decenas de miles salieron a la calle durante semanas, golpeando cacerolas. Hoy, ese espíritu se traslada al ámbito cultural: artistas explícitamente soberanistas como el rapero Kinji00 o la cantante Lou-Adriane Cassidy —ganadora de cuatro premios ADISQ y finalista del Polaris Prize— ganan popularidad. Páginas de memes independentistas acumulan cientos de miles de seguidores, y organizaciones estudiantiles soberanistas resurgen en los CEGEPs y universidades. «El movimiento se está descentralizando, saliendo de las manos de partidos como el Parti Québécois», sostiene Goyette-Gingras.

La filosofía de Club Pays es, en este sentido, profundamente inclusiva. «La cultura quebequense perdura precisamente porque está en constante cambio. Una de las cosas que ha asegurado que la cultura de Quebec siempre haya permanecido es que se ha entrelazado con la gente que se ha asentado aquí», argumenta. Su mensaje final es claro: en este café, todos son bienvenidos. La moda, aquí, no es solo lo que se viste, sino el espacio mismo que se habita y la conversación que se teje en su interior. Una propuesta que convierte la identidad política en una experiencia sensorial y social, a la espera de ver si germina en una red de locales similares por toda la provincia. El experimento acaba de empezar.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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