Park Chan-wook, el aclamado cineasta surcoreano conocido por construir universos visuales de una elegancia perturbadora y una precisión casi obsesiva, ha sido nombrado presidente del jurado de la 79ª edición del Festival de Cannes, que se celebrará entre el 12 y el 23 de mayo de 2026. La noticia, desvelada este jueves, convierte a Park en el primer coreano en ostentar este máximo honor en el certamen francés, un reconocimiento que trasciende lo puramente cinematográfico para subrayar el poder de su mirada estética, profundamente influyente en el mundo de la imagen y, por extensión, en las corrientes de moda y diseño.
Su trayectoria está jalonada por un constante diálogo con la Croisette. Tras llamar la atención internacional con Joint Security Area (2000), su consagración llegó con Oldboy (2003), la visceral tragedy de venganza que, pese a no alzarse con la Palma de Oro, se llevó el Gran Premio del Jurado bajo la presidencia de Quentin Tarantino, quien según la leyenda quería premiarla con el máximo galardón. Desde entonces, Park ha convertido Cannes en su segunda casa: el Premio del Jurado para Thirst (2009), el Vulcan Prize al mejor diseño de producción para la exquisita y sensual The Handmaiden (2016) y el premio a Mejor Director para la hipnótica Decision to Leave (2022) testifican una relación de mutua devoción. Su filmografía, a menudo comparada con la de maestros como Hitchcock, De Palma o Fincher, se caracteriza por una composición de imágenes de una belleza formal impecable, donde cada encuadre, textura y paleta cromática cuenta una parte esencial de la historia.
La declaración conjunta de Iris Knobloch, presidenta del festival, y Thierry Frémaux, delegado general, enfatiza precisamente ese «genio inventivo» y esa «maestría visual» del director, señalando su capacidad para «capturar los múltiples impulsos de hombres y mujeres con destinos extraños». Esta pericia para construir atmósferas visuales ha tenido siempre un correlato directo en el diseño de vestuario y la creación de estilos que traspasan la pantalla. La meticulosa recreación de los años treinta en The Handmaiden, con sus siluetas elegantes y sus juegos de telas y colores, o la sofisticación fría y urbana que impregna Decision to Leave, son ejemplos de cómo su cine funciona como un fermento de tendencias. Su manera de utilizar la moda como narrador silencioso —el kimono como jaula y arma en Lady Vengeance, los abrigos estructurados como escudos en Oldboy— convierte cada película en un manifiesto de estilo que diseñadores y estilistas observan con atención.
El propio Park, en la breve declaración difundida tras su nombramiento, reflexiona sobre la experiencia compartida en la oscuridad de la sala: «El teatro está oscuro para que podamos ver la luz del cine. Nos encerramos en él para que nuestras almas se liberen a través de la ventana del film». Esta filosofía, que eleva la visión colectiva a un acto de «solidaridad universal», coincide con la esencia del cine como arte total, donde lo visual, lo narrativo y lo sensorial —incluida la propuesta estética— se funden. La elección de un director con una sensibilidad tan marcada para el detalle visual sugiere que, bajo su presidencia, el jurado podría estar especialmente atento a la coherencia y potencia del lenguaje visual de las películas a concurso, un aspecto donde el diseño de producción y vestuario adquieren una importancia capital.
La designación de Park también se interpreta como un gesto de firme apoyo del festival al cine coreano, una cinematografía que, según la propia organización, «ha demostrado que puede producir obras contemporáneas mayores que atraen a millones de espectadores». Su presencia en Venecia, donde films como Sympathy for Lady Vengeance o su último trabajo, No Other Choice, han competido (esta última estuvo en la preselección de los Oscar como mejor película internacional), completa un mapa de influencia que confirma su estatus de autor global.
Mientras el mundo espera el anuncio oficial de la selección oficial a mediados de abril, lo cierto es que el nombre de Park Chan-wook al frente del jurado ya ha puesto el foco en la intersección entre el cine de autor y la alta costura visual. Su paso por Cannes no solo decidirá la Palma de Oro; promete ser, en sí mismo, una lección magistral sobre cómo la estética, cuando es genuina y rigurosa, se convierte en un lenguaje universal capable de dictar tendencias mucho más allá de la alfombra roja. La expectación no es solo cinéfila; también es de moda.
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