La noticia de que el cinecoreano alcanza su máximo reconocimiento internacional con el nombramiento de Park Chan-wook como presidente del jurado de la 78ª edición del Festival de Cannes ha resonado con fuerza en el mundo de la moda de autor. Este galardonado director, figura central de la ola cinematográfica coreana (K-wave), no solo es un narrador visual excepcional, sino también un creador cuyo universo estético ha traspasado la pantalla para dialogar directamente con el diseño de moda contemporáneo.
La designación de Park por la dirección del festival, según señalan medios especializados, subraya la profunda y longeva relación entre Cannes y el cine surcoreano, un cine considerado «profundamente comprometido con el cuestionamiento de nuestro tiempo». Su trayectoria en el certamen es dilatada y exitosa: desde el impacto brutal de «Oldboy» (Gran Premio en 2004) hasta la distinción como Mejor Director por «Decision to Leave» en 2022, pasando por el premio del jurado por «Thirst» (2009). Su filmografía, de doce largometrajes, se caracteriza por una inventiva visual deslumbrante, una narrativa subversiva y un rigor moral que la directiva del festival ha calificado de «visceral y barroca».
Es precisamente en esta dimensión visual donde la moda encuentra su punto de conexión. Park Chan-wook es un virtuoso del detalle y la textura. Su colaboración más directa con el mundo de la alta costura se materializó en 2014 con el cortometraje «A Rose Reborn», creado para Ermenegildo Zegna y dirigido junto a Stefano Pilati, donde la evolución creativa de la casa se narraba a través de un relato cinematográfico protagonizado por Daniel Wu y Jack Huston. Este puente entre el cine y la sastrería se fortaleció en 2022, cuando fue honrado en la Gala Art+Film de Gucci en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, y al año siguiente, la misma casa patrocinó en Seúl la exposición fotográfica «Two Stories», que incluía los cuadernos personales y objetos de colección del director.
Sin embargo, la influencia más profunda de Park en la moda reside en la plástica de sus imágenes. Películas como «La doncella» (2016) son estudios magistrales de composición, color y vestuario. En esta obra, ambientada en una Corea ocupada por Japón con una estética victoriana reinventada, el vestuario se erige como un personaje más. Los tonos joya profundos –esmeraldas, rubíes, zafiros–, las sedas, los brocados y los corsés escultóricos no solo refuerzan la trama de engaño y deseo, sino que han inspirado a diseñadores y estilistas por su atmósfera gótica y lujosa. Su obsessión por la saya, la tela y el drapeado trasciende la ambientación para proponer una reflexión sobre el cuerpo como superficie narrativa.
Esta sensibilidad para la materialidad y el dramatismo a través de la indumentaria posiciona a Park como un referente inesperado pero fundamental para la discusiónactual sobre moda y cine. Su cine demuestra que el vestuario puede ser un lenguaje narrativo autónomo, tan poderoso como el diálogo. Por ello, su presencia al frente del jurado que fallará la Palma de Oro se mira con especial atención desde el sector de la moda de lujo, expectante ante cualquier señal de cómo su mirada, entrenada para escudriñar texturas y siluetas en movimiento, pueda influir en la valoración de obras que, como las suyas, hagan de lo visual un acto de significado profundo.
El director, en su declaración tras el anuncio, habló del cine como «un ritual comunitario» donde «la sala está a oscuras para que podamos ver la luz del cine», definiendo la experiencia compartida como «una expresión conmovedora y universal de solidaridad». Una reflexión que, extrapolada, también aplica al desfile de moda como ceremonia colectiva. El Festival de Cannes, que se celebrará del 12 al 23 de mayo y presentará su programación completa a mediados de abril, tendrá en Park un presidente cuyo legado, tanto cinematográfico como estético, promete iluminar el debate desde una perspectiva inusitadamente suntuosa y detallista.



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