Claire Foy y el vuelo del dolor en H Is for Hawk
El silencio puede ser, a veces, la expresión más elocuente del dolor. Helen, interpretada por una Claire Foy en estado de gracia, no llora ni busca consuelo tras la muerte de su padre. "Él odiaría cualquier lamento", afirma con una sonrisa tensa. Pero la pena, cuando no encuentra salida, se transforma en algo más complejo: en su caso, en la obsesión por un ave rapaz.
Así arranca H Is for Hawk, la adaptación cinematográfica de la aclamada memoria de Helen Macdonald, dirigida por Philippa Lowthorpe y con guion de la propia Lowthorpe junto a Emma Donoghue. Filme presentado en el Festival de Cine de Telluride, la cinta explora el duelo a través de una metáfora inusual: el vínculo entre una mujer y un azor. Con una fotografía cautivadora de Charlotte Bruus Christensen, el paisaje inglés y la figura del ave —interpretada por halcones reales— se convierten en personajes clave.

Sin embargo, la narración adolece de un ritmo pausado, casi reflexivo, que aunque coherente con la temática, diluye el impacto emocional. Los 128 minutos de metraje podrían haber ganado intensidad con una edición más rigurosa.
Cuando el duelo se disfraza de plumas
La película retrata con acierto las contradicciones del dolor. Helen mantiene una fachada de normalidad: sigue trabajando como profesora en Cambridge, cultiva una incipiente relación amorosa con un galerista (Arty Froushan) e incluso bromea con su hermano (Josh Dylan) ante los ataúdes de motivos naturales que les ofrece el director de la funeraria. Pero la ruptura con Amar —aparentemente trivial— desencadena su colapso. Es entonces cuando decide adoptar a Mabel, el azor que consumirá sus días.
Foy, conocida por su papel en The Crown, brilla en la interpretación de una mujer que rehúye la vulnerabilidad. Sus gestos contenidos —un parpadeo rápido para contener las lágrimas, una voz que se quiebra apenas un instante— revelan más que cualquier diálogo. Pero la película no solo es un estudio de personaje; también es un homenaje al mundo natural. Las escenas de caza, filmadas con una belleza casi documental, contrastan con la frialdad de los espacios urbanos, donde Helen se siente cada vez más fuera de lugar.
El peso de la metáfora
El azor funciona como un espejo de múltiples significados: puede ser el padre perdido, la propia Helen o incluso la fragilidad de la vida. Brendan Gleeson, en los flashbacks, aporta calidez al retrato de un hombre imperfecto pero profundamente amado. Su presencia fantasmal persigue a la protagonista, incluso en los detalles más mundanos: el rasguño en su brazo, el asiento del coche que ahora ella ocupa.
El riesgo, claro, es caer en lo predecible. Hay momentos en que la cinta repite esquemas —la soledad de Helen, su aislamiento progresivo— sin añadir matices nuevos. Pero cuando acierta, como en la escena del camarero que ofrece postres como consuelo torpe, logra conmover desde lo cotidiano.
Al final, H Is for Hawk plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto proyectamos nuestras emociones en aquello que nos salva? Mabel, después de todo, es solo un pájaro. Pero en sus alas, Helen encuentra, al menos temporalmente, una razón para seguir volando.
«

GIPHY App Key not set. Please check settings