El estilo como arma política: cómo la contienda electoral británica redefine el lenguaje de la moda
La inesperada contienda electoral que sacude el panorama político de Reino Unido no solo tiene en vilo a analistas y ciudadanos, sino que está desatando un intenso debate en el mundo de la moda. Más allá de los eslóganes y las promesas, la vestimenta de los líderes y partidos que se enfrentan —con Keir Starmer al frente del Partido Laborista y fuerzas a su izquierda y derecha compitiendo por el espacio centrista— se ha convertido en un campo de batalla estratégico para conectar con el electorado.
El llamado “power dressing”, ovestimenta de poder, ha encontrado en esta campaña un laboratorio de experimentación en tiempo real. Los asesores de imagen no solo seleccionan trajes; construyen narrativas. El estilo sobrio, formal y de confianza que luce Starmer busca proyectar solvencia y seriedad gubernamental, un alejamiento calculado de las polémicas estéticas de épocas pasadas. Se trata de una imagemoderada, casi quirúrgica, diseñada para tranquilizar a un electorado exhausto. En el extremo opuesto, formaciones más progresistas o nacionalistas exploran con prendas de corte más casual, colores atrevidos o detalles artesanales, intentando transmitir autenticidad y conexión con causas sociales y medioambientales, temas centrales para un segmento joven y urbano.
Pero el fenómeno va más allá de los atuendos de los candidatos. La industria textil británica, históricamente pilar de la identidad cultural del país y motor económico, observa con lupa las promesas de cada plataforma. Desde diseñadores establecidos en Londres hasta pequeñas marcas de tejido sostenible, todos calculan cómo un posible gobierno laborista, o una coalición más fragmentada, afectaría aranceles, normativas laborales y acuerdos comerciales post-Brexit. La moda, que depende de cadenas de suministro globales complejas, teme nuevas barreras a la importación de materiales y la salida del mercado único europeo. Cada propuesta fiscal o regulatoria se analiza con la precisión de unPatrón.
Un elemento que está ganando traction entre los comentaristas de estilo es la “silueta de la incertidumbre”. En un contexto de inflación y crisis del coste de vida, la paleta se ha vuelto más terrosa, los cortes más funcionales y los tejidos prometen durabilidad. La ostentación brilla por su ausencia en los mítines. Incluso los accesorios —desde corbatas hasta bolsos— son estudiados para evitar cualquier lectura de derroche. Esta austeridad vestimentaria no es casual; refleja, y a la vez intenta capitalizar, la ansiedad económica dominante.
Para el espectador español, este enfoque británico de la moda política ofrece una lección clara: la ropa ya no es un simple adorno, sino un componente clave de la comunicación política con efectos tangibles en industrias enteras. Mientras los sondeos marcan una carrera reñida, los desfiles de moda en las capitales británicas podrían empezar a adelantar tendencias que, más pronto que tarde, cruzarán el Canal. La próxima temporada, quizás, veamos en las calles de Madrid o Barcelona no solo la influencia de las pasarelas, sino directamente el eco de esta batalla de estilos que se libra al otro lado del Canal. La pregunta para los consumidores y profesionales del sector es si, en tiempos de polarización, la moda puede realmente unir o si, por el contrario, se ha convertido en otro muro más que separa identidades.



GIPHY App Key not set. Please check settings