El mundo de la belleza y la moda de lujo está de luto tras el fallecimiento de Kendal Ascher, reconocido ejecutivo de The Estée Lauder Companies, a los 56 años. La empresa confirmó su muerte, aunque no se precisaron ni la fecha ni la causa, dejando un vacío profundo en una industria donde su influencia se había extendido durante más de dos décadas.
Ascher ocupaba recientemente el cargo de vicepresidente senior de la cartera de lujo y gerente general para Norteamérica, responsibilities que abarcaban marcas icónicas como La Mer, Tom Ford Beauty, Jo Malone London, Kilian Paris, Balmain Beauty y Frédéric Malle. Bajo su dirección, se planificó un ambicioso proyecto para 2025: la apertura simultánea de tres de estas enseñas en la calle Prince Street del barrio neoyorquino de SoHo, un movimiento estratégico que reflejaba su visión para consolidar el lujo en el retail experiencial.
La noticia desató una cascada de elogios procedentes de la alta dirección de la compañía. Jane Hertzmark Hudis, vicepresidenta ejecutiva y directora de marca de The Estée Lauder Companies, evocó su energía única: “Kendal era uno en su clase, lleno de pasión y vida. Iluminaba cualquier sala con su presencia, era amable, divertido y tenía un corazón de oro. Amaba profundamente nuestra empresa”. Por su parte, Tara Simon, presidenta de la compañía para las Américas, destacó su faceta de líder altruista: “Fue un defensor intrépido de sus equipos, un mentor generoso y un optimista incorregible. Su legado no está solo en los logros comerciales, sino en la forma en que hacía creer a los demás que podían alcanzar lo impensable”.
El ascenso de Ascher en Estée Lauder fue meteórico y ejemplar. Se unió a la firma hace 25 años como ejecutivo de cuentas de campo, hasta convertirse en vicepresidente de marketing. Uno de sus hitos más indiscutibles fue haber impulsado a La Mer hasta la cima del segmento de cuidado de lujo de la piel, un éxito sostenido que redefine estándares. Sandra Main, presidenta global de La Mer, subrayó su liderazgo transformador: “Guió con gracia y optimismo, comprometiéndose a unir a las personas y hacer que cada uno se sintiera valorado. Su generosidad como mentor sentó un precedente que perdurará”.
Más allá de las cifras, Ascher forjó un nombre como formador de talento. Graduado por el programa de marketing y gestión de cosméticos y fragancias del Fashion Institute of Technology (FIT), nunca se desligó de sus raíces académicas, donde ejerció como mentor de estudiantes. Stephan Kanlian, director del programa, pintó un retrato humano: “Era un líder raro, con un talento marketing excepcional y una empatía innata hacia el consumidor. Brillante, pulido y con un sentido del humor delicioso, era conocido por sus abrazos de oso. Como uno de nuestros primeros ‘superestrellas’, su carrera despegó, pero siempre mantuvo un vínculo estrecho con el FIT”.
Su compromiso con la comunidad fragrancífera quedó patente en su rol en la junta directiva de The Fragrance Foundation. Linda G. Levy, presidenta de la fundación, recordó su entusiasmo contagioso: “Su pasión, humor y positividad eran una corriente que arrastraba a todos. Su dedicación a la mentoría y nutrir a futuros líderes era evidente, incluso en nuestro último evento, donde reconocía a uno de sus honorees”. En un emotivo detalle, Levy confesó: “Lo que guardaré para siempre son sus grandes abrazos y las palabras de aliento que me dedicó en una intensa conversación por Zoom. Fue él quien me levantó el ánimo”.
La huella de Ascher también se grabó en el retail de lujo. Kate Oldham, exjefa del negocio de belleza de Saks Fifth Avenue, tras más de 25 años de colaboración, destacó su integridad: “Trabajar con Kendal era una alegría. Su pasión, dedicación y sentido del humor eran infecciosos. Trataba a todos con amabilidad, curiosidad y respeto, haciendo que cada cual se sintiera importante. Era una combinación escasa: un sabio del marketing y un ejecutivo orientado al negocio, que entendía cómo construir marcas que perduran. Pero lo que más se recordará de él no son los negocios, sino su decencia, bondad y calidez”.
El fallecimiento de Kendal Ascher, en la plenitud de su carrera, cierra un capítulo brillante en la industria de la belleza global. Su legado trasciende los balances y las aperturas de boutiques para instalarse en la cultura de liderazgo empático y la mentoría desinteresada. Mientras el sector absorbe la noticia, sus marcas, sus equipos y quienes le conocieron coinciden en una dolorosa certeza: el mundo del lujo ha perdido no solo a un estratega formidable, sino a una de esas personas raras cuyo brillo personal era, en el fondo, su mayor fortaleza.



GIPHY App Key not set. Please check settings