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Gucci desfila su colección ready-to-wear otoño 2026.

Gucci renace con ‘Primavera’: Demna entrega una colección cargada de emoción, sensualidad y herencia artística

El pasado viernes, Milán se convertía en el epicentro de una expectación contenida. Gucci presentaba su colección Otoño-Invierno 2026 en la antigua Feria de Milán, un espacio que el director creativo, Demna, transformó en un anfiteatro monumental. Estatuas clásicas decoraban las gradas, un guiño directo a la monumentalidad de los Uffizi de Florencia y al viaje espiritual que había marcado el rumbo de esta temporada.

La inspiración, confesada, era profundamente personal. La pintura La Primavera de Sandro Botticelli, admirada en el museo florentino, había conmovido al diseñador. Esa emoción se tradujo en un manifiesto colectivo que él mismo definió: “Por encima del producto, Gucci es cultura, es una forma de pensar y de ser”. La declaración de intenciones resonaba con fuerza en un momento crucial para la maison. Luca de Meo, CEO de Kering, expresaba su confianza antes del desfile: “Es una de las grandes marcas, solo necesita ser revivida”. Y el telón se levantaba para intentar precisamente eso: abrir un nuevo capítulo.

El efecto fue inmediato y electrizante. Desde el primer look –un ajustado vestido tubo en tejido de calcetería blanca– la paleta se limpiaba para después girar hacia una audaz reivindicación del cuerpo. Un modelo masculino, con una musculatura que parecía esculpida en mármol, aparecía con una ajustada camiseta de tirantes y pantalón. Demna explicaba en sus notas que buscaba recrear “los ideales de proporción y fisionomía del Renacimiento”, gracias a un patronaje de confección sin costuras, bordes termosellados y bajos curvados que dibujaban la silueta con precisión arquitectónica. La implicación era clara: la nueva Gucci invitaba a un cuidado físico casi obsesivo, un llamado a la vitalidad.

La sensualidad, hasta ahora contenida en el discurso de Demna para Gucci, emergió como el auténtico hilo conductor de la temporada. “Fue muy liberador”, admitió el diseñador backstage. “Durante diez años intenté impresionarme a mí mismo, ser ‘inteligente’. En Gucci me di cuenta de que podía crear una moda emocional, no intelectual. La atracción, la seducción, es parte de la naturaleza humana y quiero ponerlo ahí. Es algo que necesitamos”. Este giro se materializó en looks que oscilaban entre la lencería visible, aberturas altísimas en faldas y vestidos, y una delicada transparencia que recordaba a la肌肤 del Botticelli, pero con una crudeza contemporánea.

El desfile brilló especialmente en la construcción de arquetipos que dialogaban con el legado y capturaban al nuevo consumidor. Junto a las piezas de deportswear de lujo –leggings y sets de entrenamiento– surgían trajes de corte impecable en fluidos tejidos de lana, con chaquetas de escote bajo y pantalones de bolsillos horizontales. El romanticismo botticelliano aparecía en vestidos largos de seda con estampado floral, a veces cubiertos por blusones abullonados de pelo sintético. La modelo Vittoria Ceretti encarnaba la sofisticación atemporal con un abrigo oscuro de longitud al tobillo sobre cuello de tortuga y pantalones de piel ajustados, ceñidos por un cinturón GG metálico. El icónico motivo Flora, diseñado para Grace Kelly en 1966 por Vittorio Accornero, resurgía en un vestido camisero de seda, demostrando que la marca se siente cómoda revisando su propio archivo con mirada fresca.

Para la noche, la transformación era total. Emily Ratajkowski cerraba el show con un minivestido repleto de lentejuelas y tacones de aguja, encarnando la diva festiva. A su paso, se sucedían los conjuntos de dos piezas para hombre: pantalones amplios bordados y tops que rozaban el ombligo, llevados con una despreocupación casi revolucionaria al calzarse descalzos. Esta dualidad entre la alta costura y una actitud desenfadada conecta directamente con la Generación Z, una audiencia para la que, según Demna, “Gucci se ha convertido en sinónimo de ser llamativos, divertirse, salir, hacer cosas locas”.

Por supuesto, el universo de accesorios, el verdadero motor comercial de la casa, estuvo omnipresente y fue tratado con la misma atención al detalle. El bolso Bamboo 1947 se actualizaba con un volumen más estilizado y un asa de secciones de piel flexibles. Las minaudières de archivo renacían en versiones en miniatura. En calzado, destacaba el primer sneakerdemna para Gucci, el modelo Manhattan, junto a los mocasines Giovanni y Cupertino, y unas botas de piel suave que prometen convertirse en objeto de deseo.

La colección estará disponible tras el desfile en una selección de boutiques Gucci y en su plataforma online, materializando la visión de una “supermarca que es tan pragmática como emocional”, como escribió Demna en su carta previa al show. Con 71 looks, el diseñador ha tejido una narrativa coherente donde el Renacimiento se funde con el gimnasio, el archivo con la subversión y, sobre todo, donde el placer y la autoafirmación corporal ocupan el centro del escenario. El mensaje es claro: Gucci no solo vende productos, ofrece un estado de ánimo. Y esta primavera milanesa, ese estado de ánimo es audaz, sexy y, finalmente, libre.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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