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la resistencia de Kanye West contra la deuda de Flea

Esta es la selección que han hecho los críticos de ABC de los discos que se han publicado esta semana. El gran valor de ‘Bully’ es extramusical, y no es otro que el de manifestar el instinto de supervivencia de un genio autolesivo, un Kanye … West rebautizado como Ye y cuyas últimas producciones musicales –incluidas las aún recientes entregas de ‘Vultures’– están a una altura que muy pocos músicos con veinte años de carrera, unos dormidos en los laures, otros perdidos en un febril tiempo de mudanzas que les hace desafinar hasta el gallo, han logrado mantener. Como obra de arte, ‘work in progress’ cuyo final ni siquiera depende de su genio, la destrucción personal de West corre pareja a su habilidad para componer buenas canciones, alguna excepcional, a través de un pastiche sobresaliente, sofisticado y a la vez reconocible por un gran público al que ahora ofrece el mayor espectáculo de estadio desde el Zoo TV de U2 y que lo acompaña, adhesión inquebrantable, a través de la estación de penitencia con la que trata de purgar sus pecados y desvaríos. ‘Bully’ no es la llamada de socorro de un ser trastornado, perseguido y vetado, sino un grato ejercicio de exhibición creativa, de reivindicación de su propio legado –no hay evolución; total, para qué– y de resistencia. Mientras Kanye West se vuelve loco o cuerdo, Ye le echa una mano, teléfono de la esperanza, que es la nuestra, para recordarle quién fue y quién puede seguir siendo.

(6,75/10)

«Este disco es algo así como una deuda que el bajista tenía con el jazz y consigo mismo tras lograr el estrellato mundial con RHCP»

Discográfica: Nonesuch/Warner
Por Israel Viana

Se viene batallita. Recuerdo cuando hace bastantes años, siendo yo un adolescente, fui a comprarme el DVD de ‘Let’s Get Lost’, el considerado por muchos –incluido yo– uno de los mejores documental de la historia de la música, dirigido en 1988, sobre la atormentada vida de Chet Baker. Esperaba yo encontrarme a viejas glorias del jazz y expertos sesudos lanzando sus diatribas sobre el trompetista, pero cuál fue mi sorpresa cuando en la primera escena apareció otro trompetista, de veintipocos años, haciendo que tocaba el instrumento con los dedos y entrevistando al mismísimo Chet Baker en un pub de Santa Mónica, meses antes de que este último muriera al precipitarse por la ventana de un hotel mugriento en Ámsterdam corroído por heroína. Aquel joven ‘periodista’ no era otro que Flea, quien antes de ser bajista de Red Hot Chilli

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Escrito por Redacción - El Semanal

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