Lili Reinhart, Lola Tung y Victoria Pedretti protagonizan comedia de terror brujeril

La próxima gran apuesta cinematográfica que fusiona terror y comedia con una estética definidamente witchy ya ha aterrizado en el circuito de festivales. «Forbidden Fruits», ópera prima de la cineasta Meredith Alloway, se presentó con gran expectación en el South by Southwest (SXSW) y está llamada a convertirse en un referente de estilo gracias a su minucioso diseño de vestuario, que sitúa a la casa de moda Rodarte en el epicentro de una narrativa contemporánea sobre brujería y relaciones femeninas.

La trama sigue a un grupo de amigas cuyos nombres hacen alusión a frutas —Cereza, Manzana y Higo— que trabajan en una boutique de un centro comercial. Su dinámica se altera con la llegada de Calabaza, una empleada de una tienda de pretzels, quien es reclutada para unirse a su peculiar coven after-hours. Este planteamiento, aparentemente ligero, se adentra en las complejidades de la camaradería femenina a través de un prisma de horror corporal, un género que Alloway utiliza para «exagerar los sentimientos» y visibilizar experiencias específicas de la mujer.

El escenario del centro comercial no es casual. La directora lo concibió como un ecosistema social en sí mismo, una decisión que busca contrastar con la era del comercio electrónico. «Esa micro-sociedad, con su food court y sus tiendas, permite entender mejor a las protagonistas en relación con su entorno laboral y social», explica Alloway. Esta ambientación提供一个 telón de fondo perfecto para que el vestuario no solo sea decorativo, sino un lenguaje narrativo que define a cada personaje.

El reparto, integrado por algunas de las act jóvenes más demandas de Hollywood como Lili Reinhart, Lola Tung, Victoria Pedretti, Alexandra Shipp, Emma Chamberlain y Gabrielle Union-Wade, fue clave para materializar la visión estética. Alloway las describe como «trabajadoras incansables, vulnerables y inherentemente witchy». Su participación colectiva, inusual para producciones de este calibre, responde a un deseo compartido de «hacer algo divertido, creado por mujeres para mujeres».

El diseño de vestuario, supervisado por Sarah Millman, se erige como el pilar visual de la película. Desde el inicio, Alloway visualizó la estética a través del prisma de Rodarte, la marca de las diseñadoras Kate y Laura Mulleavy, cuya obra adhiere a lo etéreo, lo femenino y lo oscuramente poético. «Rodarte es witchy por naturaleza», afirma la directora. Tras varios intentos fallidos de contacto, la respuesta afirmativa de Laura Mulleavy desató la euforia en el equipo. «Fue un momento de júbilo absoluto», recuerda. La colaboración Dotó a los personajes de tejidos orgánicos, siluetas fluidas y detalles que evocan rituales modernos, elevando la moda a un componente narrativo esencial.

La génesis del proyecto reside en la obra de teatro «Of the Woman Came the Beginning of Sin, and Through Her We All Die», escrita por Lily Houghton, quien coescribió el guión con Alloway. Lo que comenzó como un interés compartido por crímenes femeninos derivó en una pieza donde no hay muertes, sino «desafíos a la norma, como el robo de una tanga de color rosa palo, y motines». Alloway se obsesionó con esa exploración de «la matiza entre las relaciones femeninas», un tema que, según confiesa, rara vez encuentra en guiones contemporáneos.

La infancia de Alloway, marcada por el cine de terror familiar —»The Lost Boys» o «Bram Stoker’s Dracula»— forjó su obsesión por la construcción de mundos. «No se trata solo del producto final, sino del universo que la película crea», señala. Esta filosofía permea «Forbidden Fruits», donde hasta los carteles de película eran coleccionables en su hogar. Tras estudios de teatro y un periplo por el periodismo cinematográfico en publicaciones como Vanity Fair o IndieWire, su salto a la dirección de cortometrajes como «Deep Tissue» y «Ride» la preparó para esta empresa.

La reacción en SXSW validó su enfoque world-building. Asistentes acudieron disfrazados tanto de las «frutas» como de los componentes del coven, demostrando que la estética había trascendido la pantalla. «Ver a grupos recreando los looks fue la confirmación de que habíamos logrado nuestro objetivo», comenta Alloway. Este fenómeno de fandom visual sugiere que «Forbidden Fruits» no solo es una película, sino un manifiesto de estilo con potencial para infiltrarse en la moda cotidiana, llevando la oscuridad romántica y lo orgánico de Rodarte a un público masivo.

En un landscape cinematográfico saturado, la propuesta de Alloway destaca por su audaz simbiosis entre narrativa indie y alta costura. Su éxito radica en entender que el vestuario, especialmente en el subgénero witchy, es un vehículo de empoderamiento y identidad. Para el espectador español, la película ofrece un espejo donde observar cómo tendencias globales, como el maximalismo oscuro o el regreso a lo artesanal, encuentran un nuevo canal de expresión a través del cine de autor con estrellas de renombre.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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