El regreso de un clásico del siglo XVIII ha cautivado a la alta costura: los relojes-anillo, esa fusión entre joyería y relojería que ya desfiló con fuerza en las semanas de la moda, se perfilan como el accesorio imprescindible para la próxima temporada primaveral. Tras su debut en pasarelas neoyorquinas, esta pieza híbrida trasciende su origen vintage para reinventarse con un enfoque contemporáneo, donde la funcionalidad se encuentra con la expresividad más pura.
Su historia se remonta a 1700, pero su popularidad ha experimentado ciclos de auge, especialmente durante los años noventa y la era Y2K. Hoy, diseñadores y casas de lujo reinterpretan este objeto con una mirada renovada, capturando la atención de una generación que valora tanto la narrativa como la innovación. El desfile de AKNVAS, la marca del diseñador danés Christian Juul Nielsen —con experiencia en Oscar de la Renta y Dior—, fue decisivo. En su presentación otoño/invierno 2026, modelos lucieron múltiples relojes-anillo en ambas manos, convirtiendo la muñeca en un lienzo de tiempo y elegancia. La pieza estrella, el Nocturne Time Ring de la casa Breda, se exhibió en versiones de cristal color llama, ámbar y humo, creando una coreografía visual que dialogaba con las texturas maximalistas de la colección, como los abrigos de pelo sintético en blanco y negro.
Breda, fundada con la premisa de ofrecer “interpretaciones frescas de clásicos queridos”, ha logrado que estos relojes-anillo sean sinónimo de sofisticación coded vintage con un atractivo innegable del siglo XXI. Su colaboración con Dalmata, marca de joyería contemporánea, introduce el vibrante esmeralda, gema que domina actualmente no solo anillos sino también colgantes y pulseras. Cada pieza, con un precio de partida en torno a los 150 dólares, presenta especificaciones técnicas dignas de un reloj tradicional: caja chapada en oro de 18 quilates, manecillas minimalistas, correa elástica expansible, movimiento japonés y detalles texturizados que realzan su belleza. Esta combinación de lujo accesible y detalles de alta relojería ha sido clave para su rápida adopción.
El contexto cultural actual favorece este resurgimiento. Los relojes-anillo ocupan un espacio intermedio entre la joyería statement y los wearables tecnológicos, como los Oura Ring, pero con un enfoque puramente estético y emocional. Influencers y celebridades, desde Rihanna hasta Taylor Swift, ya han sido vistas con versiones similares, popularizando su uso tanto en looks casuales —con camisetas y jeans holgados— como en estilismos nocturnos. Además, la tendencia al stacking o superposición de anillos ha potenciado su versatilidad, permitiendo crear composiciones personales donde varios relojes-anillo conviven en una misma mano.
Más allá de Breda, otras firmas heritage como Rolex, Fossil, Casio y Cartier han explorado este formato, aunque la propuesta de la primera suele ser más experimental y asequible. Fossil, por ejemplo, ha lanzado ediciones especiales con iconos pop como Barbie o Nick Jonas, destacando la facetuosa lúdica y el atractivo unisex de estos accesorios. Su éxito radica en que democratizan la relojería de diseño, eliminando la solemnidad del clásico reloj de pulsera sin sacrificar precisión ni estilo.
Para el consumidor español e hispanoamericano, esta tendencia llega en un momento de redefinición de la masculinidad y feminidad en la moda, donde los accesorios híbridos ganan terreno. ¿Dónde adquirirlos? Las principales plataformas de e-commerce de las marcas ya los tienen disponibles, con envíos internacionales. La gama cromática —desde el oro profundo hasta el plateado ahumado— permite adaptarse a cualquier paleta de vestimenta primaveral.
En definitiva, los relojes-anillo son más que una curiosidad retro; son un testimonio de cómo la moda recicla ideas del pasado con herramientas del presente. Su capacidad para condensar la medición del tiempo en un objeto íntimo y ornamental resuena en una era digital donde lo tangible adquiere nuevo valor. Quizá su mayor virtud sea recordarnos que, pese a la omnipresencia de los smartphones, el tiempo aún puede lucirse en el dedo con discreta elegancia.


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