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Marcela de Juan, mediadora olvidada entre España y China

Esos entes etéreos, mastodónticos, que son las culturas dialogan siempre por persona interpuesta. En el caso de España y China, nadie ha propiciado esa conversación como Marcela de Juan (La Habana, 1905–Ginebra, 1981). De la sinóloga primigenia perdura la tarea, no tanto el … nombre; una invisibilidad casi consustancial a la mediación cultural, hoy resarcida por la nueva biblioteca del Instituto Cervantes de Shanghái consagrada a su figura.
Su figura trasciende no ya latitudes, sino eras: de la España republicana a la monárquico-parlamentaria, pasando por guerra civil, franquismo y Transición; y de la China imperial a la poscomunista, pasando por Repíblica, guerra civil, invasión japonesa y totalitarismo. Cuesta dilucidar qué mitad identitaria de Marcela, china en España y española en China, experimentó más transformaciones en las décadas de su provechosa vida.

Su biografía, pues, es la de un mundo que estaba haciéndose. Hija de un diplomático chino y una dama belga, nació como Hwang Ma Ce –Huang Masai, según las normas de romanización actuales– en la capital cubana antes de que su progenitor fuera enviado de vuelta a Madrid como ministro plenipotenciario de la legación china.

LA TERCERA

Frigdiano Álvaro Durántez Prados

«Mi padre era un mandarín, con coleta y todo», rememoraba, con la gracia que la haría famosa, en una entrevista con el programa ‘A fondo’ de Joaquín Soler Serrano a finales de los setenta. «Como se llamaba Hwang de apellido le llamaban Juanito, [y él] pues alternó amistosamente, castizamente, con toda clase de gente madrileña: con intelectuales como Pío Baroja, con artistas como Mariano Benlliure, con políticos como Natalio Rivas que era muy amigo suyo, con albañiles, con tenderos, con toreros… Sobre todo con toreros, claro, por aquella afinidad de la coleta».
El patriarca fue reclamado en Pekín y en 1913 la familia al completo partió –incluida su hermana mayor, Nadine, cuyas peripecias ameritan semblanza propia–. También allí Marcela se codeó con la flor y nata de la sociedad, desde asistir a la boda del –último– emperador Puyi, hasta amistarse con el hijo del presidente Yuan Shikai o recibir en casa a un joven estudiante, de nombre Mao Zedong.

Ida y vuelta

Sin embargo, poco después del fallecimiento de su padre decidió regresar a Madrid, donde se instaló en 1928. A partir de entonces inició una notable trayectoria que aunaba con naturalidad sus facetas de sofisticada socialité y rigurosa divulgadora. L

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Escrito por Redacción - El Semanal

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