
Margaret Atwood (Ottawa, 1939) siempre te deja con ganas de más. Y lo mismo pasa, como es bien sabido, cuando su universo literario se traslada a la pantalla, con todo su naturalismo y su crudeza. Ahora, a la espera de que el 8 de abril se estrene la serie Los testamentos, secuela de la exitosa El cuento de la criada, ambas salidas de su novelesca y profética pluma, podemos deleitarnos con los poemas que la famosa escritora canadiense escribió entre 2008 y 2019. Acaban de ver la luz con el título Sinceramente (Salamandra).
Ese último año, hasta donde abarca el libro, murió su segundo marido, el novelista Graeme Gibson, después de toda una vida juntos y una hija en común. Entonces, Atwood, eterna candidata al Nobel de Literatura, alabó «su vida sabia, ética y comprometida». En el poema titulado Pantuflas plateadas, dice: «Ya no bailo, pero todavía llevo mis zapatos plateados, mis pantuflas plateadas, con todos sus deseos agotados y sin manera de volver a casa. Me saltaré la cena, de esas con manteles y velas encendidas para dos. Estaré sola, sentada frente a una ausencia».
Es la Margaret Atwood de siempre. La tierna, lúcida, mordaz, combativa e ingeniosa Atwood. También la entrañable, enseñando sus costuras. Y, por supuesto, la visionaria, la que volvió a sacar la bola de cristal con su trilogía distópica MaddAddam. Se intuye a la dibujante, a la dramaturga, a la titiritera. Aclarando desde el principio que, durante esos once años versificando, el mundo se le volvió más sombrío, ella se hizo mayor y algunas personas muy cercanas murieron. Pero también anticipando que hay en estos versos muchos pájaros, «ángeles con garras», incluso más que en los anteriores y menos que en los siguientes. Y pidiendo un deseo: «Que haya más pájaros en el mundo».
Margaret Atwood, feminismo y ecología
La escritora, que pasó su infancia en los bosques remotos del norte de Quebec, donde se forjó su espíritu nómada, reflexiona en este poemario sobre la vida y la muerte, la justicia y su reverso, la alegría y su otra cara, y sobre el tiempo, que no pregunta y pasa. En el poema Sal, lo aborda claramente: «No mires atrás, dicen. Te convertirás en sal. Pero ¿por qué no? ¿Por qué no mirar? ¿No es resplandeciente? ¿No es hermoso, allí atrás?».
Famosa mucho más allá de los circuitos estrictamente literar



GIPHY App Key not set. Please check settings