
La guerra en Medio Oriente, que ha estado atravesada por el bloqueo al estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras del sector energético en Irán y países del Golfo Pérsico, ha obligado a recalibrar los pronósticos de la economía global. Y a medida que se extienda el conflicto –ahora bajo una frágil y provisional tregua que no incluye a Líbano – la situación solo puede ir a peor.
En su informe trimestral de Perspectivas de la Economía Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) rebajó su proyección de crecimiento para 2026 del 3,3% que había fijado en enero al 3,1%, lo que marcaría una desaceleración respecto del 3,4% de expansión registrado en 2025.
Del mismo modo, con los precios del petróleo y el gas disparados, el organismo revisó al alza su augurio de la inflación anual, del 3,8% señalado en enero al 4,4% actual, que marcaría un incremento en relación al 4,1% contabilizado el año pasado.
Hasta que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán, la economía global había mostrado una sorprendente resiliencia frente a las políticas proteccionistas de Donald Trump, un impacto en parte mitigado porque los aranceles comerciales de su Administración terminaron siendo menores que los anunciados originalmente.
Para el economista j
En el caso de Irán, el recorte fue de 7,2 puntos en relación al pronóstico de enero, hasta fijar un crecimiento negativo en -6,1%.
El Fondo también rebajó ligeramente su previsión de crecimiento para Estados Unidos este año, situándola en el 2,3%, mientras que los 21 países europeos que comparten el euro, duramente golpeados por el alza de los precios del gas natural, crecerán en conjunto un 1,1% este año, por debajo del 1,4% de 2025.
En tanto, el crecimiento de América Latina y el Caribe se revisó al alza en 0,1 puntos porcentuales, hasta el 2,3% para 2026, impulsado por exportadores como Brasil, donde los precios más altos del petróleo ofrecen cierto alivio.
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La producción y demanda de petróleo, también en caída
Este martes, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) presentó su informe mensual sobre el mercado del petróleo, que recogió los primeros impactos causados por el conflicto en Medio Oriente, que inició con los bombardeos de EE. UU. e Israel sobre Irán el 28 de febrero pasado.
En ese sentido, la entidad señaló que en marzo, las pérdidas de producción por el conflicto representaron de forma acumulada más de 360 millones de barriles (mb), una cifra que aumentará a 440 mb en abril.
Asimismo, por el bloqueo del Estrecho de Ormuz –y pese a la habilitación de otras vías de países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irak para exportar parte de sus hidrocarburos–, las pérdidas en las exportaciones de petróleo superan los 13 millones de barriles por día.
En este contexto, la AIE ha remarcado a la baja sus previsiones de demanda de petróleo y ahora estima que será de una media de 104,259 millones de barriles diarios, lo que significa 730.000 barriles diarios menos de lo que había calculado en marzo, representando una caída de 1,5 mb/d, la más pronunciada desde la pandemia del Covid-19 en 2020.
Sin embargo, ese es el escenario planteado si a partir de mayo se normalizara la situación en el Golfo Pérsico y el mercado recuperara progresivamente su abastecimiento. Pero si las interrupciones de prolongan, la demanda podría hundirse hasta los 5 mb/d interanuales, entre el segundo y cuarto trimestre.
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Una posible ronda de diálogos trae alivio a los mercados
En medio de las proyecciones negativas, las perspectivas de una nueva ronda de diálogos entre Estados Unidos e Irán trajo algo de alivio a los mercados.
Las bolsas mundiales –incluyendo las estadounidenses en su apertura– registraron números positivos, impulsadas por las expectativas de una segunda ronda de negociaciones, que podrían realizarse de nuevo en Islamabad en los próximos días.
Esta posibilidad también contribuyó a una bajada del precio del petróleo, cuya producción y transporte se han visto afectados por el conflicto, alimentando la volatilidad de su valor.
El barril de crudo Brent, el estándar internacional, cayó un 3,5% hasta los 95,91 dólares. Esto significa que, aunque se mantiene bastante por encima de los cerca de 70 dólares previos a la guerra, está muy por debajo del máximo de 119 dólares alcanzado en varias ocasiones a lo largo del conflicto.
Como viene siendo habitual desde el inicio de la guerra, los mercados, sumidos en dudas sobre el rumbo del conflicto, han sufrido cambios drásticos y repentinos, lo que ha conllevado un fuerte aumento de la inflación, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.
Sin embargo, las proyecciones negativas presentadas por el FMI y el Banco Mundial fueron minimizadas por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quien sostuvo que los organismos «probablemente reaccionaron de forma exagerada, pero ya veremos».
El funcionario de la Administración Trump se mostró confiado en que Estados Unidos superará rápidamente el aumento de precios, a diferencia de países que están implementando subsidios al consumo o a la industria para paliar el impacto del alza de precios, lo que, según Bessent, podría prolongar la duración de los



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