Meta acaba de cerrar una de las operaciones más llamativas de este final de año: la compra de Manus, una ‘startup’ de IA agéntica actualmente con sede en Singapur pero origen chino, conocida por ofrecer agentes capaces de ejecutar tareas complejas con poca supervisión. Las estimaciones sitúan el precio de dicha operación por encima de los 2.000 millones de dólares.
Lo interesante no es solo el tamaño del cheque: es lo que compra Meta (capacidad ‘agéntica’ lista para ofrecer a sus clientes y usuarios) y lo que intenta evitar: ruido geopolítico, dudas regulatorias y riesgos reputacionales, para lo cual Meta insiste en que cortará los vínculos de Manus con China y reforzará barreras de seguridad y gobernanza de datos.
Meta quiere agentes ‘de verdad’, no solo chatbots
Manus saltó a la fama a comienzos de este año por vender la idea de un ‘trabajador digital’ más autónomo: un agente capaz de encadenar acciones —por ejemplo, analizar información, escribir código o ejecutar tareas propias de trabajo de oficina— a partir de instrucciones relativamente simples (por ejemplo: «busca información, compárala, elabora un informe, genera una tabla y prepara un borrador listo para enviar»).
Aquí está el matiz: Meta ya tiene Meta AI y una estrategia de lanzamiento de modelos de lenguaje ya establecida, pero la IA agéntica es algo diferente: un producto que ofrece acciones y no sólo palabras. La operación sugiere que Meta quiere acelerar ese salto integrando la tecnología de Manus en sus servicios dirigidos a miles de millones de usuarios.
Si 2023–2024 fue la época del auge del chatbot, 2025 se está cerrando con el inicio de otra carrera, la de los agentes de IA. El movimiento de Meta refuerza la idea de que los gigantes no solo competirán



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