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Mugler redefine el prêt-à-porter con su desfile otoño 2026

La elección del Palais de la Porte Dorée como escenario para la presentación de la segunda colección de Miguel Castro Freitas al frente de Mugler no fue casual. Este monumento art déco, erigido para la Exposición Colonial de 1931 y hoy sede del Museo de Historia de la Inmigración, carga con un peso histórico que dialoga directamente con las preocupaciones contemporáneas sobre identidad y poder. Freitas, consciente de este simbolismo, utilizó el espacio no solo como telón, sino como un argumento más de su propuesta, titulada “The Commander”.

Bajo esta denominación, el diseñador portugués profundizó en el archivo de la casa parisina, reinterpretando su esencia de power dressing a través de un prisma personal. Su panteón de musas, que abarca desde figuras históricas como Juana de Arco hasta iconos del cine como Joan Crawford, sirvió de brújula creativa. En la pasarela, estas referencias se materializaron con sutileza: una chaqueta de cuero negro con cremallera diagonal y un sombrero trilby encogido evocaban la estética vanguardista de Catherine Deneuve en “El ansia”, mientras un abrigo a rayas, estructurado como los trajes de corte del siglo XVII, actualizaba los looks de ambición social de Crawford en “Mildred Pierce”.

La narrativa retrofuturista se completó con siluetas que remitían a clásicos de la ciencia ficción. Vestidos de lamé plisado, conjuntos militares en cuero brillante con combinaciones cromáticas discordantes y uniformes de inspiración soviética, con hombreras de carácter arquitectónico, replicaban la atmósfera de “Blade Runner” o “Gattaca”. Esta mezcla de eras —lo histórico y lo distópico— subraya la habilidad de Freitas para transitar entre códigos aparentemente antagónicos sin perder coherencia.

El legado del fundador, Manfred Thierry Mugler, planea inevitablemente sobre cualquier propuesta actual. Su revolucionario uso de materiales como el látex, el metal o las plumas, así como las acusaciones de fetichismo que él siempre rebatió con la idea de liberación femenina, constituyen un patrimonio complejo. Freitas no esquiva esta herencia; de hecho, la abraza citando dos colecciones archivadas de los años ochenta, “Les Secrétaires” y “Les Militaires”. En el actual clima sociocultural, donde los símbolos de autoridad pueden ser interpretados de múltiples maneras, el diseñador reafirma su objetivo: “El mensaje aquí es de autodeterminación: el power dressing y el poder de vestirse. La libertad es el poder último a reclamar en estos días”.

Esta filosofía se vio reflejada en la audiencia. La cantante Chappell Roan, que ya generó un intenso debate al lucir un vestido de Mugler sostenido por aros en los pezones en la última gala de los Grammy, ocupó un lugar en primera fila. Su elección, que revive un diseño icónico del archivo, fue interpretada por Freitas como una validación de su labor. “Aún hubo detractores, pero en general la respuesta fue excelente, porque pareció que la intención finalmente se asimiló, ya que ella lo llevó con tal convicción y orgullo. Si eso desencadenó algún tipo de discusión al respecto, siento que he hecho bien mi trabajo”, reflexionó.

El desfile, por tanto, trasciende lo estético para convertirse en un manifiesto. Freitas logra equilibrar la herencia de una casa que definió la moda de los ochenta con las demandas del presente, donde la ropa es un territorio de afirmación personal. La selección del Palais de la Porte Dorée, con su pasado colonial y su misión migratoria actual, refuerza esta idea: la moda como superficie de discusión sobre quiénes somos y cómo queremos ser vistos. En su售价一季 de “The Commander”, Mugler no solo muestra ropa; plantea un debate sobre la agencia individual a través del estilo, donde cada costura y cada elección de material cuentan una historia de resistencia y reivindicación.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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