La Semana de la Moda de París vivió ayer una de sus citas más esperadas de la temporada con la presentación de la colección otoño/invierno 2025 de Stella McCartney. El desfile, celebrado en un centro hípico junto a la Fundación Louis Vuitton, no solo fue una exhibición de diseño, sino una declaración de intenciones que fusionó la artesanía ecuestre con la vanguardia sostenible, atrayendo a una constelación de invitados de primer nivel.
Entre el público más destacado, la dupla formada por Oprah Winfrey y Gayle King acaparó todas las miradas. Su presencia, un auténtico golpe de efecto en el calendario parisino, subraya la influencia y el respeto que McCartney ha sabido granjearse más allá de los circuitos de la moda. Junto a ellas, el patriarca familiar, el músico Paul McCartney, y Antoine Arnault, director de imagen y medioambiente del grupo LVMH, completaron una primera fila que hablaba de legado, poder corporativo y compromiso ambiental.
La actriz Isla Fisher, amiga de larga data de la diseñadora, fue otra de las figuras clave. Ataviada con una chaqueta bomber de materiales veganos —sello identitario de la casa—, Fisher no escatimó en elogios hacia la filosofía de McCartney. “Su enfoque de la naturaleza es total. No utiliza productos de origen animal y es una empresaria extraordinaria. La admiro profundamente por haber roto techos de cristal como mujer y, por supuesto, por su increíble talento artístico”, declaró. Sus palabras resonaron con la esencia de una propuesta que lleva décadas predicando la lujosa posibilidad de una moda libre de crueldad animal.
El escenario elegido, un picadero, ofreció un espectáculo en sí mismo. Previo al desfile, los asistentes presenciaron una actuación del entrenador Jean-François Pignon y sus caballos, un ballet ecuestre que estableció un tono poético y orgánico, alejado de los cánones urbanos habituales. La decisión de ubicar el desfile en este espacio no fue casual; refleja la conexión de McCartney con la naturaleza y la artesanía tradicional, pilares de su narrativa de marca.
La visita de Oprah Winfrey a París tenía un doble propósito. Además de apoyar a su amiga en el desfile, acudió para presenciar la concesión a Stella McCartney de la Legión de Honor francesa, uno de los máximos galardones civiles del país galo. Este reconocimiento, otorgado el jueves, certifica el impacto de la diseñadora no solo en la estética, sino en la transformación ética de toda una industria.
El homenaje a la trayectoria también quedó patente en detalles como el que compartió Isla Fisher. Recordó su primera alfombra roja en los 90, en el Teatro Chino de Los Ángeles, con unos pantalones blancos y un top dulce que, según confesó entre risas, no era precisamente vanguardista. “Los conservo por los recuerdos con mi madre, aunque estilísticamente… era la época”, bromeó. Este contraste entre sus inicios y el esplendor actual de la pasarela de McCartney ilustra la evolución de una industria donde la autenticidad y la consistencia, como demuestra la diseñadora británica, terminan por imponerse.
En conjunto, el desfile de Stella McCartney se erige como un momento cumbre de esta Semana de la Moda parisina. Más allá del brillo de las celebridades, lo que realmente resuena es el mensaje pulido durante décadas: el lujo y la innovación pueden, y deben, coexistir con un profundo respeto por el planeta. Para el espectador español, donde la conciencia sostenible gana terreno en el consumo, la propuesta de McCartney no solo es una inspiración estética, sino un mapa de ruta para el futuro inmediato del sector.



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