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Rick Owens presenta su colección Otoño 2026 con desfile innovador y siluetas arquitectónicas

El desfile de Rick Owens para la temporada Otoño 2026, presentado en París, consolidó una vez más la capacidad del diseñador californiano para tejer narrativas complejas a través de la ropa. La colección, de una coherencia visual deslumbrante, funcionó como un diálogo entre el glamour trágico de una leyenda del cine y la estética brutalista que ha convertido en sello personal. La inspiración principal confesada fue Marlene Dietrich, no solo por su icónico abrigo de plumas de cisne diseñado por Jean Louis, sino por la dualidad de su figura: la artificialidad calculada de su imagen pública frente a la rigurosidad de su labor humanitaria en tiempos de guerra. Owens transformó esta referencia en un manifiesto sobre el poder de la contención y el detalle preciso para generar un impacto emocional profundo.

La paleta de tejidos giró en torno a la suavidad y el peso. El terciopelo, la cachemira y una lana de mezcla texturizada dominaron las propuestas, contrastando con la familiar frialdad de las piezas en cuero y los innovadores vestidos sin tirantes confeccionados en Kevlar, un material habitualmente asociado a la protección que aquí adquiría una belleza cruda y escultórica. La silueta, característicamente arquitectónica, se suavizó mediante drapeados y volúmenes controlados. Los icónicos cuellos tipo «Drácula» y las capas-capa en fieltro grueso, heredados de su colección masculina, aportaron el contrapunto de fuerza y distopía que define su lenguaje.

Un elemento crucial para la atmósfera de la propuesta fue el trabajo del estilista y peluquero berlinés Bernardo Martins, conocido como Figa.Link. Su visión, con mechones de colores neón y pestañas rosas y azules artificialmente alargadas, rozaba la provocación punk y el futurismo melancólico de Blade Runner. Owens reconoció cierto temor inicial a que el look pudierainterpretarse como el de un «club kid», pero defendió la «frivolidad desgarrada» que busca, ese gesto extravagante que emerge cuando se vive al borde del desastre, una cualidad que definió como «gutter rat» y que encuentra en la precariedad una forma de elegancia.

Sin embargo, el espectáculo no se limitó a la alta experimentación. El diseñador incrustó en la pasarela piezas sorprendentemente accesibles y llenas de lógica práctica, fiel a su filosofía de diseñar para sí mismo. Aparecieron shorts de cuero con cintura de papel, tops de tirantes y vaqueros cortados, todos ellos manipulados y exagerados. Una de las innovaciones más celebradas por Owens fueron los chalecos largos de cuero o lana, diseñados para ser usados sobre una chaqueta corta, creando una suerte de «abrigo en dos piezas» que permite modular la vestimenta según la necesidad. «Es el concepto más genial que he tenido», declaró, admitiendo que aún no tenía datos de ventas que lo confirmaran.

El desfile, en su conjunto, navigó con maestría entre la provocación y la funcionalidad, entre el homenaje a un glamour pasado y la proyección de un futuro sombrío. Rick Owens propone un lujo que no renuncia a la incomodidad intelectual ni a la practicidad en el día a día, poniendo en valor la artesanía en materiales inesperados y construyendo, pieza a pieza, un universo estético donde lo brutal y lo delicado coexisten en una tensión productiva. La lección final es clara: la moda más poderosa es aquella que, como la figura de Dietrich que la inspiró, guarda múltiples capas de significado bajo una superficie aparentemente simple.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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