El Cilindro era una fiesta. Ahí estaba Racing, con las tribunas llenas, estrenando camiseta y ostentando el contrato firmado con Nike. Todo en un clásico que encerraba un gran valor por todo lo que había en juego. Sin embargo, los académicos se equivocaron demasiado y el que terminó celebrando fue el River de Eduardo Coudet, quien justo en Avellaneda había dejado un gran recuerdo por el título logrado como entrenador.
River no brilló con su juego. Tampoco acumuló merecimientos ni argumentos futbolísticos como para sostener que la victoria resultó justa. Simplemente, regaló una elevada dosis de contundencia expresada por la calidad de Facundo Colidio y de Sebastián Driussi, los dos delanteros recuperados por el Chacho Coudet. No perdonó River: aceptó la mayoría de los regalos d
Primero, Marcos Rojo fue al piso para cerrar, pero falló. Y entonces Colidio corrió solo para enfrentar mano a mano a Facundo Cambeses y lo sentenció con una resolución a pura clase. Así se puso 0-1 arriba.



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